viernes, 31 de mayo de 2013

Capítulo 2


Sus brazos me rodearon en cuestión de microsegundos y me sentí segura al instante. Después de la desagradable sensación dejada por el moscardón, la suavidad de su abrazo era un soplo de aire fresco. Con una mano me acariciaba la espalda, como si me estuviera intentando calmar. Suerte que lo he encontrado y me ha entendido. Sino no sé qué me podría haber hecho ese hombre. Al menos no se ha acercado a mis amigas y por eso ya estoy satisfecha. Solté un largo suspiro.
— ¿Estás bien? – Preguntó con tono preocupado mientras colocaba una mano acunando mi mejilla y me acariciaba el pómulo con el dedo pulgar, cariñosamente. Ladeé mi cabeza hacia su mano, disfrutando de la sensación de hormigueo en la piel donde él me tocaba. Miré esos ojos claros, los más bonitos que había visto nunca, que transparentaban a la perfección todas las emociones que él experimentaba. Está preocupado por mí, que tierno. Acabo de conocerlo y siento una conexión innegable entre nosotros. Es como si… No, no voy a seguir el rollo de mi madre. Es casualidad, nos hemos conocido por casualidad, no existe tal cosa como el destino. El destino me lo construyo yo misma. No quiero creer que haga lo que haga, todo está previamente planeado. ¿Entonces qué sentido tiene el hecho de tomar decisiones? Mejor le contesto a la pregunta antes de que se preocupe más. Pero, ¿Por qué tengo esta sensación de vacío si pienso en que se apartará de mí una vez sepa que estoy bien?
— Estoy bien, gracias a ti. Ese moscardón podría haberme raptado sin ningún problema – Suspiré, pero logré forzar una sonrisa a la superficie para que no descubriera lo verdaderamente asustada que estaba. La sensación de perder el control de tal manera era escalofriante. Apenas podía moverme. Ante el recuerdo me apreté más contra él.
— No entiendo qué hacías con ese hombre. ¿Puedes explicarme qué ha pasado? – Me miró directamente a los ojos, provocando que notara mis piernas flaquear. Respiré hondo.
— Se acercó a mis amigas, y no iba a permitirlo por nada del mundo. Así que hice lo que me pareció más razonable. Preferí que me molestara a mí que a mis amigas, no hay más – Contesté, perdiéndome en la profundidad de sus increíbles ojos.
— Ya veo, he encontrado a una chica noble que se sacrifica por sus amigas, increíble. Quedan pocas como tú en el mundo, no te me vas a escapar – Su sonrisa me devolvió toda la fuerza que creía haber perdido y no pude evitar responder con una sonrisa igual de amplia. Parece que no va a irse en cuanto sepa que estoy bien, quiero que se quede conmigo, siempre.
— Te ha costado acercarte a mí, ya era hora – Solté con una risa mientras lo acusaba con la mirada. Me miró sorprendido y se puso a reír.
— Lo que pasa, sabelotodo, es que me daba vergüenza. Al principio no pensaba ni que me estuvieras mirando a mí, y luego no entendía nada de lo que intentabas decirme – Contestó intentando defenderse, yo simplemente me reí en respuesta. ¿Vergüenza? ¿He encontrado a uno de los pocos hombres que quedan que son de verdad tímidos? Y no tiene pinta de creído, al contrario. Interesante.
— ¿No pensabas que te miraba a ti? Si lo último que he hecho ha sido disimular – Agregué con una carcajada, totalmente extasiada al encontrar al fin un hombre íntegro que valiera la pena conocer. Él negó con la cabeza, cerrando ligeramente los ojos. Entonces pude ver su mandíbula marcada como el límite de un acantilado, perfectamente moldeada. La barba incipiente color rubio oscuro lo hacía más sexy de lo que seguramente él se creía. Suspiré soñadoramente.
— ¿Cómo te llamas? – Me susurró en el oído, rozando su barba en mi mejilla haciéndome cosquillas. Me reí. Ni siquiera nos habíamos dicho nuestros nombres y estábamos hablando como si nos conociéramos de toda la vida. Lo que más me gusta de él es el hecho de ser tan natural, no tengo que pensarme qué decir o qué hacer cuando estoy a su alrededor.
— Amelia, ¿y tú? – Contesté en su oído, rozando suavemente mis labios con su mejilla aparentemente sin querer. Sonreí cuando reaccionó exactamente como quería que lo hiciera. Se giró hacia mí, enfrentándome y mirándome de los ojos a los labios por turnos.  
— Alex – Respondió entrecortadamente mientras miraba fijamente mis labios. Yo miraba fijamente a los suyos, deliciosamente carnosos, mientras me mordía el labio inferior, nerviosa. ¿Va a besarme? Si lo hace, me voy a deshacer.
Me dio un beso en la mejilla despacio, y giramos la cara a la vez y el segundo beso nos lo dimos en la comisura de la boca, noté la electricidad pasar a través de mis labios. Deseaba besarlo con todas mis fuerzas y noté que el sentimiento era mutuo.
Apreté mi agarre en su cuello, colocando una mano en su nuca. Entendió la señal y se acercó más a mí, poco a poco. Sonreí y, cuando estaba a punto de cerrar los ojos, vi una sonrisa grande como el sol formarse en su cara. Sus labios rozaron los míos con delicadeza y nuestros cuerpos reaccionaron al unísono. Me apretó contra él con las manos recorriéndome la espalda y yo le acaricié el pelo corto. Nuestras bocas bailaban juntas, como lo hacían nuestros cuerpos, al ritmo de la música. Me sentía en un hechizo, no podía apartarme de él. ¿Es correcto sentirme tan conectada con él si acabo de conocerlo? Nuestros besos destilaban deseo y una confianza que parecía innata, daba la impresión de ser algo real y no un rollo de una noche de discoteca. Solo espero que esto sea serio, a mí no me van los rollos de una noche.
— ¿Cuántos años tienes? – Preguntó con la respiración desigual, apartándose un momento de mis labios. Pasé la lengua por mis labios, notando el sabor de sus besos impregnado en ellos. No creo que pueda olvidar la sensación de sus labios sobre los míos, nunca. Ni la suavidad de sus caricias o el brillo de sus ojos.
— 19, ¿tú? – Contesté con un hilo de voz, resultado de estar bajo los efectos de sus increíbles besos. Sonrió, claramente sorprendido. No se esperaba ese número. Me miró con cara de preocupación.
— Pues yo tengo 32 – Contestó con una risa. Negué con la cabeza apartándome de él al instante. Me tapé la boca con las manos inconscientemente. Nononononono repetía en mi cabeza. Se puso a reír y me acercó de nuevo a él con mirada tierna.
— Ven aquí, relájate, es broma. No tengo 32, tengo 25 – Agregó, riéndose ante mi cara de susto. Me relajé al instante, permitiéndole que me acercara a él de nuevo. Volví a colocar mis brazos en su cuello y lo besé pasionalmente. Sus manos viajaron por mi cuerpo, gentilmente.
— Has hecho la broma para que cuando dijeras tu verdadera edad no me asustara tanto, ¿verdad? – Lo miré, sospechando. Me miró sorprendido de nuevo y se puso a reír.
— Chica lista, no hay muchas como tú la verdad. En realidad, no hay ninguna como tú. Eres especial, ¿Lo sabías? – Me miró durante unos segundos, como si fuera un gran trofeo y él supiera que tenía que ganárselo. Su mirada contrastaba con la mirada del moscardón, porque ese me miraba como si fuera un premio ganado y éste, como si supiera que no va a conseguir que me enamore de él con poca cosa. Aunque podría pillarme por él ahora mismo, porque es bastante perfecto hasta ahora.
Rocé mi nariz con la suya cariñosamente y nos pusimos a reír al instante. Su risa era melódica y contagiosa, se colaba dentro de mi sistema y me hacía temblar. Tengo un nuevo sonido favorito.
— ¿Qué estudias? – Preguntó con sincera curiosidad. Parece que quiere saberlo todo de mí, pues yo también quiero saberlo todo de él. Me encanta que él dé el primer paso siempre, es él el que hace las preguntas. Y lo más cómodo es que nada es incómodo, es decir, nada está forzado, todo sale natural.
— Estoy estudiando una doble ingeniería, Telecomunicaciones e Informática, estoy en mi primer año de universidad – Contesté orgullosa, ganándome una mirada de admiración que subía la moral. Me encanta sorprenderlo, es tan fácil.
— Wow, esa no me la esperaba, ni mucho menos. Yo soy cocinero – Respondió con un brillo especial en los ojos. Es guapo, poco creído, tímido, bueno besando, trabaja, es cariñoso, ¿Qué más podría pedir? Es perfecto.
— Me encanta, podrás cocinar para mí entonces, mmm sexy – Contesté emocionada, ganándome una risa despreocupada y de nuevo, sorprendida, por su parte. Me encanta ser imprevisible y dejarlo con la boca abierta, y ni siquiera me cuesta trabajo, me sale natural. Estoy cómoda a su alrededor, puedo decir lo que me pasa por la cabeza en cada momento sin preocuparme. Puedo ver que el mismo efecto que tiene sobre mí, lo tengo yo sobre él. Simplemente lo sé, por la forma en la que me mira, o cómo sus brazos acunan con cuidado mi cuerpo como si fuera un bien muy preciado y pudiera romperme.
— Siempre que quiera mi señora – Dijo caballerosamente, ganándose una risa sorprendida, ahora por mi parte. Ladeó la cabeza, pensativamente, mientras me miraba con atención, claramente pensando en algo más. Levanté las cejas en una pregunta silenciosa.
— Ams, ¿Crees en el destino? – Preguntó, tomándome por sorpresa totalmente. Me gustó que creara su propio diminutivo de mi nombre con tanta facilidad y naturalidad. No me esperaba tal pregunta. Los chicos normalmente no dicen estas cosas, simplemente si se lo pasan bien luego desaparecen para no comprometerse. Pero no sé por qué, pero tengo la sensación de que él no es de ese estilo, él parece ser de los que se comprometen. Pero tampoco debería hacerme demasiada ilusiones, ¿Y si no sale bien? Pero… No puedo evitarlo, necesito conocer más sobre él.
— No realmente, pero me estás haciendo cuestionarme todo lo que yo tenía interiorizado sin ningún problema. No me gusta – Contesté al cabo de unos segundos, dejándole claro que me había pillado con la guardia baja. Su sonrisa se incrementó con mi respuesta, claramente satisfecho con ésta.
— Pues yo creo en el destino, y creo que ha sido el destino el que nos ha unido – Soltó, mientras me acariciaba el brazo y me daba un beso en el cuello. Me aparté instintivamente ante el roce de sus labios cálidos en mi cuello, me causó escalofríos. Es mi puto débil, ha tardado poco en descubrirlo. Sonrió y lo volvió a hacer, esa vez no me aparté sino que cerré los ojos y disfruté de la sensación que me provocaba.
— Me quitas el aliento – Susurró en mi cuello, haciéndome cosquillas. Me reí nerviosamente y le mordí el cuello, dejando una marca.
— Tú me pones la piel de gallina – Susurré en su cuello, consiguiendo un beso en el hombro.
Lo abracé, apretándome contra él. Me rodeó más con los brazos y no me soltó, bailábamos a nuestro ritmo sin hacer caso de la música que sonaba de fondo. De repente, soltó una risa espontánea. Me aparté de él lo suficiente para observarlo y preguntarle con la mirada qué le hacía tanta gracia.
— No se me da muy bien bailar, por lo que has notado – Contestó a mi pregunta sin formular. Le sonreí y le di un pequeño beso en los labios. Cuando me separé, me lo devolvió exactamente igual y yo hice lo mismo. Nos pasamos un buen rato simplemente dándonos pequeños besos y sonriendo como dos niños pequeños.
— No importa, yo tampoco me desenvuelvo del todo bien en la pista de baile, así que tranquilo – Le dije con una sonrisa. Negó con la cabeza repetidamente, indignado.
— Mentirosa, te he visto moverte con naturalidad con tu increíble cuerpo y me has dejado tonto – Argumentó con tono serio. Me puse a reír y le di un suave golpe en el hombro.
— Exagerado… – Respondí, mirando hacia otra parte sonrojándome. Con una mano me cogió de la barbilla y me acercó a él de nuevo. Negando con la cabeza, se acercó a mis labios para besarlos de nuevo. Sus besos me tenían en otra parte, estaba en el cielo. Sonriendo, le mordí el labio inferior juguetonamente.
— Que mala eres… – Soltó  riéndose. Sonreí como hacía muchísimo que no hacía. Él saca la niña dentro de mí, pero también la parte más madura de mí misma. Es como si realzara mi personalidad y se deleitara de lo que descubre.
— No lo sabes tú bien – Susurré en su oído seductoramente.
— Ahora eres tú quien me provoca piel de gallina – Contestó con una sonrisa que podía iluminar una sala entera.
Me lo quedé mirando fijamente, con las manos acunando sus mejillas, rozando su barba con los dedos pulgares. Es perfecto, ¿Cómo he tenido tanta suerte de encontrármelo?
— ¿Qué ha sido lo primero que te ha llamado la atención de mí? – Preguntó sacándome de mi mundo. Sonreí y le miré fijamente esos ojos que tenía algún tipo de poder sobre mí.
— Tus ojos, sin duda alguna – Contesté sin necesidad de pensármelo, estaba clarísimo. Me miró extrañado – Tengo debilidad por los ojos claros, no sé realmente por qué. Pero ahora veo que tengo debilidad por ti, sobre todo lo demás – Añadí encogiéndome de hombros, pestañeando más de lo necesario para aparentar inocencia. Se puso a reír y me dio un beso profundo que me provocó un flaqueo en las piernas. Tuve que apretar más el agarre de su cuello para mantenerme de pie.
— ¿Y a ti? ¿Qué te llamó la atención de mí? – Pregunté al cabo de unos minutos, ya que con el beso casi se me olvidó de qué estábamos hablando. Realmente, con ese beso se me olvidó incluso mi propio nombre. Podría besarlo para siempre, sería feliz entre sus brazos.
— Tu sonrisa, es increíble – Me miró soñadoramente y lo besé pasionalmente. Este hombre me tiene completamente loca. ¡Y lo acabo de conocer! Pero parece como si ya nos conociéramos de toda la vida, y eso es imposible porque nunca me hubiera olvidado de esos ojos tan increíbles.
— ¿Puedo tener tu Facebook? Así podremos hablar después de hoy, o te podrías venir conmigo – Preguntó con los ojos brillantes de emoción. No hay nada más emocionante que la esperanza de un nuevo amor. Negué con la cabeza y me miró sorprendido, moviendo la cabeza ligeramente hacia atrás.
— Si quieres mi Facebook, tendrás que hacerte una foto conmigo con el fotógrafo oficial de la discoteca y cuando me etiquete el lunes, me tendrás. Y por lo de irme contigo, va a ser que no. Me quedo a dormir en casa de una amiga, lo siento – Solté, orgullosa. No voy a ponérselo tan fácil, ya lo ha tenido demasiado fácil hasta ahora. Me miró sorprendido y confuso. Me reí sola mientras procesaba la información recién incorporada – No te lo voy a poner tan fácil, aparte, si te doy mi nombre no va a ser tan fácil encontrarme, hay mucha gente con el mismo nombre – Expliqué intentando parecer inocente para que no pensara que le estaba poniendo obstáculos porque no quería nada con él. Se lo estoy poniendo difícil porque quiero que se lo tome enserio, quiero que vaya a por todas. Si se lo doy en bandeja, primero, no lo valorará y segundo, se cansará rápidamente. Porque lo que fácil viene, fácil se va. Me miró fijamente durante unos segundos, como si se encontrara en trance.
— Y ¿Dónde está el fotógrafo? – Preguntó de repente, mirando por encima de nuestras cabezas. Una carcajada se escapó de mis labios mientras buscaba entre la multitud.
— No lo veo, a lo mejor deberíamos movernos a ver si lo encontramos – Contesté pensativa, mientras observaba la multitud con los ojos muy abiertos.
— De acuerdo, pero antes… – Me susurró al oído. Curiosa me giré hacia él, y sin darme tiempo de responder colocó sus dos manos en mi cuello y me dio el beso de mi vida. Puse mis manos a ambos lados de su cintura, apretándolo contra mí. Cogí la tela de su camisa y la arrugué entre mis dedos mientras nuestras bocas iban por su propio camino provocando sensaciones de frío y calor por todo mi cuerpo. Su mano se enredó entre mi pelo y yo me abracé a su cintura, sonriendo. Noté su sonrisa a través de nuestros besos y fue mágico.
Nos soltamos al cabo de unos minutos que parecieron horas. Estábamos respirando entrecortadamente, como si el beso hubiera absorbido toda la energía de nuestro cuerpo. Me giré para ir en busca del fotógrafo desaparecido, pero antes de que me diera tiempo de dar siquiera un paso noté sus cálidas manos buscarse camino a través de mi cintura. Me apoyé en su pecho y entrelacé nuestras manos, él en respuesta me abrazó aún más y apoyó la barbilla en mi hombro. Di un paso y nos escurrímos entre la multitud buscando una persona en particular, pero no aparecía por ninguna parte. De repente, alguien me empujó y me fui hacia delante perdiendo el roce de sus manos.
Antes de que pudiera caerme, me cogió y me apretó contra él más fuerte que nunca. Con el corazón en la boca me apreté contra él, cogiendo sus manos y apretándolas aún más alrededor de mi cintura.
— Yo te protejo, preciosa – Me susurró, provocándome escalofríos.
— Qué suerte, tengo un Príncipe para mí sola – Le susurré de vuelta, mordiéndole el cuello.
— Deja de morderme, que mañana tengo una boda – Soltó una risita, pero no intentó separarme de él en ningún momento. Lo miré a los ojos.
— Pues te pones bufanda – Solté, dejándolo con la boca abierta. Nos pusimos a reír y me dio besos por el cuello, el hombro, la mandíbula, acabando en mis labios. Me separé, dejándolo con las ganas y me giré de nuevo para seguir con nuestra búsqueda.
Caminando de nuevo a través de la multitud, apreté sus brazos a mí alrededor enganchando nuestros cuerpos lo máximo posible.
— No me sueltes – Le dije sobre mi hombro, acariciando nuestras manos entrelazadas. Él apretó su agarre y apoyó su barbilla en mi hombro.
— Nunca – Contestó alto y claro. Sonriendo, giré la cabeza hacia él y le di un pequeño pero tierno beso. No fue suficiente para saciar las ganas que teníamos el uno del otro, así que me giró con un movimiento fluido y me besó de nuevo. Disfruté del toque de sus labios y de sus manos por mi cuerpo. Me hace sentir totalmente deseable y preciosa, nunca me había sentido así antes. Me encanta.
— Eres preciosa – Susurró sobre mis labios, haciéndome temblar. Negué con la cabeza y le mordí.
— Eres muy exagerado, y muy guapo, por cierto – Le contesté, mirándolo fijamente a los ojos.
— Ui que mentirosa… – Respondió, besándome una y otra vez.
Me separé y volví a buscar al fotógrafo. ¿Cómo puede haber desaparecido de tal manera? Si antes lo hemos visto Lil, Alba y yo.
— No lo veo, parece que no vas a tener mi Facebook después de todo – Canturreé juguetona mientras apoyaba mis codos en sus hombros, así podía jugar con su pelo con las manos.
— Ni hablar, voy a encontrar a ese maldito fotógrafo, no hay más que hablar – Dijo totalmente serio, consiguiendo una carcajada de mi parte. Cogió mi mano, entrelazó nuestros dedos y nos dirigimos entre la multitud de nuevo. Pasamos a través de la barra, nada. Miramos en el piso de arriba, nada. Suspiró. Me giré hacia él y lo miré. ¿Cómo puede ser tan guapo y no saberlo? Me encanta la manera en la que me mira, como si no hubiera otra persona en la sala, cuando en la sala no cabe ni un alfiler. Sonreí para mí misma.
— ¿No puedes sacar tu teléfono y agregarme a mí? – Preguntó con ojos suplicantes. Me puse a reír ante el panorama delante de mí. Parece un cachorro abandonado pidiendo que lo adopten.
— No me he traído el móvil – Dije sonriendo, mientras negaba con la cabeza. Me miró con los ojos entrecerrados y me señalé las caderas - ¿Tú crees que hay espacio para un móvil aquí? – Añadí riéndome ante su cara de derrota.
Me apartó de la multitud y encontramos una columna, solo verla me apoyó contra ella y empezó a besarme de nuevo. Una sonrisa grande como el mundo entero se formó en mi cara y se le contagió. Se separó y me miró como si me viera por primera vez, mordiéndose el labio inferior. Negó con la cabeza incrédulo. Yo tampoco me creo que esté pasando de verdad, parece un sueño. Un sueño del que no quiero despertar nunca.
— ¿Viniste aquí pensando que conocerías el amor de tu vida? – Preguntó de repente, cogiéndome totalmente desprevenida. No me esperaba tal pregunta. No me esperaba encontrar al hombre perfecto en una discoteca, y menos la primera vez que vengo.
— Exagerando de nuevo, por lo que veo – Contesté mientras le daba un beso y otro y otro. Empiezo a tener mucho calor. La multitud, el hechizo de Alex sobre mí y todos sus besos y caricias son un cóctel Molotov. Respiré entrecortadamente.
— No exagero ni una pizca – Contestó entre beso y beso. Apreté mi agarre en su cuello, haciéndolo mío.
— Me arden los labios… – Solté mientras lo abrazaba. Los noto hinchados y al rojo vivo. La sensación de sus labios sobre los míos me va a perseguir por el resto de mi vida, estoy segura. Nunca había sentido algo así cuando alguien me besa, todo lo demás desaparece y solo estamos nosotros dos y nuestras caricias.
— Si solo ardieran los labios… – Contestó, haciéndome reír. Este hombre tiene que hacer bien poco para conseguirme, ya me tiene completamente sin saberlo realmente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario