jueves, 22 de agosto de 2013

Capítulo 4

Me esperaba cualquier cosa menos eso. Me esperaba incluso que tuviera novia, con lo guapo que es, no sería un misterio. Pero que vive en Londres… Esto ha dolido. Estaba en shock, no podía moverme. Vi cómo se agachaba y al levantarse tenía mi chaqueta en sus grandes manos¿Se me ha caído la chaqueta? Miré hacia abajo y vi que tenía los brazos colgando a mis costados totalmente inertes, no podía moverlos. No podía moverme en absoluto. Esto no puede funcionar, una cosa que no quiero es pasarlo mal por la distancia. Lo echaría demasiado de menos, vamos a sufrir. Pero a la vez quiero intentarlo, una conexión como esta no se tiene todos los días. Nos merecemos darle un voto de confianza al menos. Siento que es lo correcto, siento que debo intentarlo. No quiero pasarme el resto de mi vida preguntándome qué podría haber sido. Me niego a vivir con arrepentimientos.

— Por favor, di algo – Susurró, colocando las manos en mis mejillas, acariciándome suavemente con la yema de sus dedos. Lo miré a los ojos y supe que mi decisión había sido tomada, iba a tirarme de cabeza a la piscina sin importar los obstáculos que pudiera encontrarme. No puedo irme pensando ¿Y si hubiera funcionado? Prefiero sufrir, pero sin ningún arrepentimiento, sin nada por hacer. Colocó nuestras frentes juntas y cerré los ojos un segundo.

Levanté la cabeza y lo besé, sin decir ninguna palabra. Creo que no son necesarias las palabras en este momento. Nuestros labios bailaron juntos, al principio sutilmente como si tuvieran miedo de entregar demasiado. Entonces con fiereza, como si el verdadero miedo fuera no volver a encontrarse. La necesidad era palpable y el cariño era suave y sincero. No quería separarme de él.

— Me voy el viernes, por eso quiero verte durante la semana. Estoy de vacaciones y he venido por la boda que tengo mañana por la tarde. Me gustas de verdad, y ojalá no viviera allí en estos momentos. Espera aquí un segundo – Me dio un beso rápido y entró en la discoteca. Intenté ver hacia dónde se dirigía pero había tanta gente que era totalmente imposible de predecir.

— Amelia, tenemos que irnos. ¿Qué haces aquí parada sola? – Preguntó Alba. La miré con ojos suplicantes, para que me diera un poco más de tiempo. ¿Por qué no me he traído mi moto? Suspiré. Ya lo sé para la próxima, no me gusta depender de otras personas, te quita libertad. Me molesta por la independencia, no porque no pueda irme con él, claro… No me lo creo ni yo.

Apareció Alex de repente, con su chaqueta en la mano. ¿Dónde va? No entiendo nada.Cuando vi mi chaqueta en sus manos me di cuenta de que tenía frío, estaba temblando. Él lo vio y me colocó su chaqueta en los hombros. Absorbiendo su olor, metí mis brazos por las mangas y me abracé a mi misma disfrutando de la sensación. Le tendió mi chaqueta a Alba, la cogió y se giró para irse.

— Me tengo que ir, ¿Nos vemos el miércoles? Te devolveré tu chaqueta roja de piel, que por cierto me encanta – Dije, antes de acercarme y darle nuestro último beso e irme – Te voy a echar de menos – Añadí, con voz suave. Lo voy a echar mucho de menos.

— Mentirosa, quien te va a echar de menos soy yo. Ya tengo tu teléfono, mañana hablamos – Soltó, dándome otro beso, esta vez más largo y profundo. Suspiré y me fui.

Corrí para alcanzar a Alba y Lil que estaban a punto de salir de la discoteca. Pasé por las puertas, enseñando el sello de mi muñeca.

— Adiós Travis, nos vemos en otra ocasión – Dije mientras abrazaba al hombre grande y musculoso vestido de negro. Me devolvió el abrazo levantándome del suelo, ganándose una risa de mi parte.

— Nos vemos, ahora que pienso, no sé tu nombre – Dijo Travis cuando me dejó en el suelo. Sonreí pensativa. Es verdad, me ha salvado y ni siquiera me he dignado a decirle mi nombre.

— Es verdad, culpa mía, me llamo Amelia. Gracias de nuevo por salvarme de ese moscardón – Le contesté amistosamente. Me sonrió y sacó el teléfono de su bolsillo trasero.

— Dame tu teléfono y nos mantenemos en contacto. Una chica tan guapa como tú debería tener refuerzos a su servicio. Puedes llamarme cuando quieras e iré a rescatartede quien sea – Contestó orgulloso el hombre de anchos hombros. Me puse a reír pero le quité de las manos el teléfono para poner mi número. Tiene razón, me irá bien conocer al portero de una discoteca que pueda defenderme en cualquier situación.

— Gracias, lo tendré en cuenta. Nos vemos – Contesté animada mientras le devolvía el teléfono después de hacer una llamada a mi número para grabármelo luego.

Corrí para alcanzarlas, estaban en medio del parking esperándome. Llegué con una sonrisa pintada en la cara y me gané unas risitas por parte de las dos.

— ¿Qué? – Pregunté, intentando que pararan de reírse en mi cara sin ninguna intención de disimular. Me toqué inconscientemente los labios, me ardían. Sentía un cosquilleo por todo el cuerpo, desde los labios hinchados hasta los pies doloridos por los zapatos de tacón. Notaba que echaba de menos sus brazos a mi alrededor, y su mirada atravesándome como si quisiera averiguar hasta el último detalle de mi ser. Lo echaba de menos y apenas acababa de salir.

— Embobada, vámonos. Dios mío, Alba, lo que nos espera con esta enamorada – Suspiró Lil exagerando mi mirada. Me puse a reír al ver el espectáculo delante de mí.

— ¡No estoy enamorada! – Grité mientras intentaba con todas mis fuerzas no sonreír como una tonta enamorada, pero fallando de manera imperial. Me negué a mirarlas mientras me observaban fijamente y se reían.

— Aún… Tú espera unas horas… No podremos soportarte por nada del mundo – Soltó Alba mientras se metía dentro del coche. Suspiré sin perder la sonrisa, era incapaz de parar.

Nadie nunca me ha hecho sentir como él. NUNCA. Él es exactamente lo que estaba buscando sin siquiera saberlo. No sabía que quería a alguien como él hasta que lo he conocido. No puedo evitar sentir este cosquilleo en el estómago continuamente, porque no puedo sacármelo de la cabeza. La sensación que tengo en los labios, como si no me pertenecieran, es nueva para mí y no quiero perderla por nada del mundo. Si por mí fuera tendría los labios así de hinchados y al rojo vivo todos los días, porque eso querría decir que mis labios le pertenecen. Que yo le pertenezco. Hoy me he sentido preciosa, querida, valiosa. Nunca me había pasado, una simple mirada suya me ha subido la autoestima como la espuma.

— ¡Tierra llamando a Amelia! Hemos llegado, ¿Puedes volver a nuestro mundo, por favor? – Gritó Lil despertándome de mi trance. Me reí y la empujé cuando salió del coche. Subimos a su habitación y nos cambiamos rápidamente.

— Así que, Ams, cuéntanos cómo es él – Dijo Alba, sentándose en la mullida alfombra negra en medio de la gran habitación. Suspiré soñadoramente y me senté en la alfombra, delante de Alba, con las piernas cruzadas.

— Es perfecto, es tal y como me gustan los chicos. Mi prototipo de chico perfecto: es mayor, ojos claros, no fuma, nada creído, bueno, cariñoso, trabaja, simplemente perfecto. Pero lo que más me gusta de él es cómo me hace sentir a mí. Siento que soy preciosa y valiosa, como si pudiera conseguir cualquier cosa si estoy a su lado. Y cuando me mira… Me deshace completamente. No sé, no puedo explicarlo totalmente. No tengo una lista de razones, simplemente me encanta. Sin más razones ni conocimientos, sé perfectamente que es él – Suspiré de nuevo al dejar al descubierto mis sentimientos. Me sentía confusa y emocionada. Deseaba verlo de nuevo, ya notaba el vacío que habían dejado sus brazos y sus besos.

— Me equivocaba, ni siquiera horas. ¡Ya estás enamorada! – Canturreó Lil, emocionada. Me dolían las mejillas de tanto sonreír y los labios me ardían todavía – ¿Le has dado tu número? – Me preguntó con los ojos muy grandes. Asentí con la cabeza, mirándola incrédula.

— ¿Por qué? ¿Crees que me enviará algo ahora? – Se encogió de hombros y sonriendo como si tuviera un secreto y señaló con la cabeza mi móvil al otro lado de la sala. Me levanté de un salto y fui corriendo hacia él.

Tenía un mensaje de un número desconocido, aparte de la llamada desde el teléfono de Travis. Me puse a saltar y a chillar mientras lo abría.

— ¿Ams? ¿Te ha enviado algo? – Preguntaron las dos al mismo tiempo mientras se levantaban y corrían a mi lado. Asentí con la cabeza mientras leía el mensaje una y otravez – ¿Qué pone? ¿Qué pone? ¿Qué pone? – Preguntó Alba mientras intentaba mirar sobre mi hombro.

— ¡Pone que me echa de menos! – Chillé, más que emocionada. Me guardé el número y le contesté.

— ¡Qué mono! Tenías razón… Ya está enamorada – Soltó Alba, mirando a Lil – ¿Qué le contestarás? – Preguntó, esta vez dirigiéndome a mí.

— Que yo también lo echo de menos, pero lo que más me gusta de su mensaje, es el hecho de estar escrito en inglés. Claro, vive en Londres… Tiene que saber inglés a la fuerza – Contesté, de repente triste.

— ¿Qué? – Preguntaron las dos a la vez, de nuevo. Me negué a mirarlas y me llevé el teléfono hasta la alfombra y me estiré en un cojín. Mierda. Vive en Londres… Debería apartarme porque lo vamos a pasar mal, realmente mal. Pero no puedo parar de pensar en él, no hay manera humana de sacármelo ahora de la cabeza.

 ¿Que vive en Londres, dices? – Preguntó Lil, alarmada. Asentí sin mirarlas. Sé que es estúpido encapricharme ahora, cuando se va a ir, pero no puedo evitarlo. No controlo mis sentimientos, ellos me controlan a mí. Yo no he escogido enamorarme de un hombre que vive tan lejos. La verdad es que me ha enganchado antes de saberlo, pero yo sé que aunque lo hubiera sabido antes, estaría en la misma situación en estos momentos. Por mucho que hubiera sabido dónde vive desde el principio, no habría cambiado nada porque mi corazón va por libre, no me escucha. Suspiré de manera exagerada.

— Sí, como habéis oído, vive en Londres – Contesté con un hilo de voz a la vez que me tapaba la cara con las manos, intentando controlar mi reacción ante esa frase con tanto poder por sí misma – ¿Pero sabéis qué? – Me miraron sorprendidas cuando levanté la cabeza rápidamente, como si fuera un muelle – Prefiero que me controlen mis sentimientos, a que me controle mi miedo – Añadí, con la cabeza alta – Solo se vive una vez. Prefiero arriesgarme y sufrir, en vez de arrepentirme toda la vida de no haber hecho todo lo que estaba en mi mano para ser feliz aunque fuera un segundo. Odiaría pasarme mi vida entera pensando ¿Y si…? ¿Y si hubiera funcionado? ¿Y si él es el adecuado? ¿Y si lo resolvemos y soy más feliz que nunca? Nunca me lo perdonaría. Y por el simple hecho de no querer pasarme mi vida con arrepentimientos, no me arrepiento de estar enamorándome de él – Contesté aparentando más seguridad de la que realmente sentía en esos momentos. Me miraban como si me hubiera vuelto loca. Como si fuera un insecto que acabara de cambiar su piel y se hubiera despojado de la antigua y se la hubiera tirado encima a ellas. Pestañeé repetidamente esperando una respuesta, o algo. Entonces recibí otro mensaje y saltamos las tres a la vez a ver qué ponía.

¿Cómo está mi Princesa?

Solté una risa tonta al ver el mensaje y me tapé la cara con el teléfono mientras las otras hacían ruidos desagradables indicando lo pomposos que éramos. Decidí dejar de reírme y sonrojarme y contestar.

Pensando en ti y en las ganas que tengo de volver a verte.

— Oh, esto es una verdadera historia de amor. Lo estoy viendo – Cantó Alba mientras se reía. Lil estaba dando vueltas por la alfombra retorciéndose del ataque de risa repentino. Miré el reloj, eran las 7:30 de la mañana y empezaba a tener sueño. Así que seguí a Lil a su cama de matrimonio y me estiré pensando en él. Antes de que me diera cuenta, me había quedado dormida.

El sonido de mi móvil me despertó de repente, me senté de un solo movimiento provocando que todo me diera vueltas. Miré mi teléfono, era un mensaje. Sonreí al instante y lo abrí, emocionada.

¿Qué haces hoy?

Salté de la cama sigilosamente intentando no despertar a Lil y pasé por encima de la cama de Alba sin cuidado alguno, porque aquella ni con una bomba se hubiera despertado. Llegué a la alfombra y me estiré poniendo un cojín debajo de mi cabeza.

Tengo planes para irme con Lil al cine, tú tienes la boda ¿Verdad?

Contesté con una sonrisa radiante en la cara. Rozando mis labios con la yema de mis dedos noté que seguían ardiendo e hinchados. No quiero que esta sensacióndesaparezca nunca. Es como si aún pudiera sentir sus labios sobre los míos si cierro los ojos. Como si pudiera sentir su presencia solo con imaginarla, porque mi piel recuerda perfectamente tus caricias. Mi cuerpo guarda su recuerdo como un muy preciado tesoro. No pensaba que encontraría a la persona ideal para mí en una discoteca, supongo que se puede encontrar en cualquier parte. Yo simplemente he tenido suerte de que sea en un lugar con tanta gente. Sí, sé que es muy temprano y precipitado pensar en cosas como “la persona ideal para mí” pero no puedo evitarlo. Es una cosa que simplemente se siente o no se siente, y cuando se siente no se tiene ni una sola duda. Él es todo lo que siempre he querido, sin siquiera saberlo. Que exagerada y peliculera que llego a ser… No tengo remedio, tengo muchos números de salir herida de una situación así. No solo por el hecho que viva lejos, sino por entregarme tan rápidamente e incondicionalmente. Pero pienso que se tiene que querer como si nunca te hubiera herido, se tiene que arriesgar para obtener algo a cambio.

Sí, es por la tarde. ¿Qué película vais a ver? ¿Cuándo vuelves a tu casa? Podríamos pasar unas horas juntos antes de que vuelvas.

Salté desde mi mundo hasta la habitación de Lil en menos de un segundo al notar la vibración de mi móvil. Mi corazón va a todo gas cuando pienso en él o estoy hablando con él, es como si me volviera loca. En realidad, sí, me he vuelto loca. Me tiemblan las piernas y la cabeza me da vueltas con el simple pensamiento de volver a verlo de nuevo hoy. No puedo sacármelo de la cabeza, está integrado bajo mi piel. Tengo los nervios a flor de piel y siento como si pudiera ponerme a saltar y gritar en cualquier momento sin razón aparente.

Claro, me encantaría. Vuelvo por la noche a mi casa, duermo en casa de mi padre. Te echo de menos. La película se llama “Un amor entre dos mundos”, Irónico

Suspiré, acordándome. Este viernes se vuelve a Londres… No quiero separarme de él. No creo que las relaciones a distancia funcionen, la verdad. No quiero pensar en eso, sé que es infantil pero no quiero estar pensando en el poco tiempo que le queda aquí, quiero pensar en el tiempo que puedo pasar con él.

Sí, parece una casualidad hecha exclusivamente para nosotros, para recordarnos los obstáculos que tenemos delante. Siento haber tardado tanto en decirte que vivo en Londres, no es justo para ti. Pero egoístamente pensé que podía hacer que no fuera real durante una noche solamente por no pensar en ello.

Cerré los ojos durante unos segundos mientras me masajeaba el puente de la nariz con el índice y el pulgar de la mano derecha. Suspiré y los abrí de nuevo, releyendo el mensaje. Es una situación en la que nunca me había visto, una situación de la que no sé cómo salir. No sé siquiera cómo abordarla y eso me da miedo. Me da miedo el no saber cómo enfrentarme a los problemas que surjan en el futuro, por mala suerte, no muy lejano.

Te entiendo, y no creas que hubiera supuesto algún cambio el hecho de saberlo antes. No me hubiera parado, ya estaba metida desde la cabeza a los pies en el mismo instante en el que nuestras miradas se cruzaron por primera vez.

Noté un escalofrío recorrerme el cuerpo, me levanté, cogí la cazadora roja y me la puse con una sonrisa. Me envolví con los brazos y sentí su olor, era como si estuviera él rodeándome con sus brazos. Cerré los ojos y suspiré. Me quedé quieta, y lo más probable, dormida. De repente, mi móvil vibró de nuevo. Medio dormida, leí el mensaje que acababa de recibir.

Yo estuve perdido en el mismo instante en el que vi tu sonrisa, me quedé de piedra. Todo en lo que podía pensar era en acercarme a ti, no había manera humana de evitarlo. Me tenías hechizado.

Noté mis mejillas tirar, y una sonrisa grande como mis sentimientos por él se formó en mi cara. Si tengo esta sonrisa en la cara, es única y exclusivamente por culpa suya.

Mi sonrisa es por culpa tuya. Ahora mismo estoy envuelta en tu cazadora, imaginándome que estoy entre tus brazos. Sabes que puedes despedirte de esta cazadora, es oficialmente mía. Me arden los labios aún, ¿Por qué será?

No puedo arrancármelo de la cabeza, se ha metido bajo mi piel. Las sensaciones que me ha provocado y los sentimientos que me ha hecho experimentar son nuevos para mí. Nunca me había sentido así de deseada por nadie antes, nunca me había sentido algo especial para alguien. Me acurruqué más entre la chaqueta con olor a él, deseando estar a su lado en ese momento más que nada en este mundo.

Quiero que la tengas tú, así me tienes siempre contigo. Me encantaría tenerte entre mis brazos y hacer que tus labios ardieran aún más. Intentaré salir temprano de la boda para poder verte aunque sea un rato. Te echo de menos. Son las 9 de la mañana, mejor me voy a dormir que sino luego no podré ni ir a la boda, suerte que es por la tarde.

Sonreí y solté el aire que estaba sosteniendo. No puede ser que me apegue a alguien tan rápidamente, esto va a salir mal. Pero siento que quiero averiguar más sobre él, siento que sí que podríamos estar juntos. Sé que podría enseñarle la parte de mí que pocas personas ven.

Buenas noches, yo también te echo de menos. Si no puedes escaparte tampoco pasa nada, me parece un poco egoísta robarte de todas las personas de la boda. Me sabe mal. Descansa.

Y con eso, me acurruqué en la alfombra, tapándome con la chaqueta de cuero de color rojo con su olor impregnado. Cerré los ojos durante un segundo y de repente noté que alguien me movía intentando despertarme.

— ¿Qué hace ésta estirada en la alfombra?  Preguntó Lil, aun teniendo los ojos cerrados pude notar la sonrisa en su cara.

Abrí lentamente el ojo derecho temiendo quedarme ciega con toda la luz que entraba por las ventanas totalmente abiertas de mi derecha y miré a Lil. Se estaba riendo con el ceño fruncido, como si el hecho de mirarme fijamente iba a darle las respuestas que quería. Me reí y me senté poco a poco.

— ¿Has dormido allí toda la noche? – Preguntó Alba, sorprendida y curiosa. Me miraba como si fuera un bicho raro. Le saqué la lengua y conseguí que se rieran las dos a la vez. Miré el reloj en mi muñeca, eran las 12 de la mañana. Mucho no he dormido, pero algo es algo.

— No toda la noche, solo he dormido tres horas. Estaba hablando con él – Contesté con voz ronca de dormir poco. Noté el color subir por mi cuello hasta mis pómulos con el simple hecho de pensar en él.

— ¡Si estás colorada! Te veo muy pillada, ¿tengo que recordarte que vive en Londres? – Aclaró Lil, mostrando un poco más de sentido común del que yo estaba acostumbrada. Miré fijamente la alfombra mientras jugaba con un hilo suelto.

— Tenías que tirarme un cubo con la cruda y fría realidad, ¿no? Dejarme soñar e ilusionarme por una vez era demasiado por lo que veo – Solté sin ánimos. Me levanté y empecé a doblar la manta que había usado de cobijo durante la noche. Me negué a mirar a ninguna de las dos, para que no vieran en mis ojos lo dolida que estaba por ese tema en concreto. No quiero que vean lo mucho que me afecta, porque me siento ridícula. Lo conozco de apenas un día y ¿ya estoy así? Suspiré. Esto no es bueno, me apego demasiado rápido, voy a salir sufriendo.

Una solitaria lágrima se resbaló por mi mejilla, cayendo finalmente sobre la alfombra silenciosamente. Limpié con el dorso de la mano el rastro que había dejado en mi mejilla antes de que ninguna de las dos lo viera. Respiré fondo y sacudí la cabeza intentando recobrar la compostura. ¿Qué me está pasando? No debería afectarme tanto, apenas lo conozco. Cerré los ojos resignada. Puede que al ser tan enamoradiza consiga que me hagan daño, pero no me arrepentiré nunca de hacer lo que hago. Porque hago lo que siento, nada más ni nada menos. Soy fiel a mí misma, y lo siento todo. No me paro a pensar si las cosas pudieran sede otra manera o no, simplemente actúo. Prefiero salir herida por intentar algo en lo que creía con toda mi alma que pasarme el resto de mi vida arrepintiéndome de ser cobarde y no intentar ser feliz a toda costa.Nunca me voy a arrepentir de hacer una cosa que me ha hecho feliz en algún momento. Porque la vida se basa en las cosas pequeñas, los pequeños momentos que nos marcan por el resto de nuestra existencia.

— Lo siento, no era mi intención herirte. Pero no quiero verte sufrir, eso es todo. Esto es complicado, y lo sabes aunque no quieras verlo. Esto no va a acabar bien – Se excusó ella, acercándose a mí por detrás. Apoyó la barbilla en mi hombro intentando mostrar apoyo aun después de golpearme con sus palabras.

— Lo sé, ¿pero sabes qué sé también? Que vive el Londres. No te creas que eres la única que lo tiene claro, créeme, lo tengo muy pero que muy claro – Solté, moviéndome cuidadosamente para no hacerle daño al apartar el hombro de debajo de su barbilla – Me voy a duchar antes de comer, ¿de acuerdo? – Añadí cogiendo la ropa que me iba a poner ese día y yéndome sin esperar una respuesta por su parte.

Me metí en la ducha como si me pesaran los huesos y tuviera los músculos adoloridos.No quiero estar así, deprimida porque el objeto de mi devoción está lejos. Tengo que disfrutar del tiempo que pueda pasar con él. Hoy no creo que lo vea, tiene una boda. No puede de repente escaparse, hay comidas, bailes, no puedo hacerle eso. Lo voy a ver el miércoles. Suspiré. Aunque me encantaría que al final pueda salir antes de hora y poder disfrutar de unas horas juntos.

Pasé las manos por mi pelo mojado, cerrando los ojos, pensando en él y sus caricias.Tiene que haber alguna manera de que esto funcione. Podría ir allí cada vez que pueda, y él podría venir aquí cada vez que tenga algo de tiempo libre. Pero yo soy de echar de menos. Me concentré en mi respiración e intenté relajarme con el agua caliente recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, dejándome entumecida por la calidez.

— ¿Te has convertido en sirena? o ¿te han secuestrado? – Oí a Lil chillar desde fuera, golpeando la puerta repetidamente. Suspiré y salí a coger la toalla al mismo tiempo que Lil abría la puerta del baño de par en par. Entró y cerró rápidamente, enviando una ráfaga de aire helado en mi dirección. Me tapé a la velocidad del rayo con la toalla para evitar congelarme, sin mirarla – Ya está lista la comida, ven rápido o se enfriará la carne – Añadió al ver que no tenía ninguna intención de contestar. Salió abriendo mucho la puerta de nuevo y cerrándola de un golpe segundos después. Solté todo el aire de mis pulmones y cogí aire, como si todo me costara el doble de esfuerzo que antes. Echo de menos hablar con él, debe estar durmiendo aún. Lo que daría por estar acurrucada en sus brazos durmiendo ahora mismo.

— ¡Ams! Está sonando tu teléfono, o lo coges tú o contesto yo – Gritó Alba desde la habitación de Lil. Salí disparada, aún con únicamente la toalla envolviendo mi cuerpo. Corrí por el pasillo casi resbalando con los pies mojados. Me cogí del marco de la puerta para no acabar en el suelo desplomada. Entré de un golpe y cogí mi móvil delsuelo con un solo movimiento. En la pantalla estaba escrito el nombre que quería ver desde que había vuelto de la discoteca: Alex.

— ¿Hola? – Contesté sin aliento, notaba una sonrisa apoderarse de mis facciones. Mi humor había cambiado de repente, como si hubieran apretado un interruptor. Él tiene ese poder sobre mí, puede cambiar mi humor en segundos. No deseo nada más que pasar tiempo con él. Solo con pensar en él ya me suben los colores, estoy colorada como un tomate porque noto el calor de mis mejillas. Las mariposas se han apoderado de mi estómago, aunque parecen plantas carnívoras.

— Buenos días, amor – Contestó la voz más maravillosa que había oído nunca.