viernes, 31 de mayo de 2013

Capítulo 2


Sus brazos me rodearon en cuestión de microsegundos y me sentí segura al instante. Después de la desagradable sensación dejada por el moscardón, la suavidad de su abrazo era un soplo de aire fresco. Con una mano me acariciaba la espalda, como si me estuviera intentando calmar. Suerte que lo he encontrado y me ha entendido. Sino no sé qué me podría haber hecho ese hombre. Al menos no se ha acercado a mis amigas y por eso ya estoy satisfecha. Solté un largo suspiro.
— ¿Estás bien? – Preguntó con tono preocupado mientras colocaba una mano acunando mi mejilla y me acariciaba el pómulo con el dedo pulgar, cariñosamente. Ladeé mi cabeza hacia su mano, disfrutando de la sensación de hormigueo en la piel donde él me tocaba. Miré esos ojos claros, los más bonitos que había visto nunca, que transparentaban a la perfección todas las emociones que él experimentaba. Está preocupado por mí, que tierno. Acabo de conocerlo y siento una conexión innegable entre nosotros. Es como si… No, no voy a seguir el rollo de mi madre. Es casualidad, nos hemos conocido por casualidad, no existe tal cosa como el destino. El destino me lo construyo yo misma. No quiero creer que haga lo que haga, todo está previamente planeado. ¿Entonces qué sentido tiene el hecho de tomar decisiones? Mejor le contesto a la pregunta antes de que se preocupe más. Pero, ¿Por qué tengo esta sensación de vacío si pienso en que se apartará de mí una vez sepa que estoy bien?
— Estoy bien, gracias a ti. Ese moscardón podría haberme raptado sin ningún problema – Suspiré, pero logré forzar una sonrisa a la superficie para que no descubriera lo verdaderamente asustada que estaba. La sensación de perder el control de tal manera era escalofriante. Apenas podía moverme. Ante el recuerdo me apreté más contra él.
— No entiendo qué hacías con ese hombre. ¿Puedes explicarme qué ha pasado? – Me miró directamente a los ojos, provocando que notara mis piernas flaquear. Respiré hondo.
— Se acercó a mis amigas, y no iba a permitirlo por nada del mundo. Así que hice lo que me pareció más razonable. Preferí que me molestara a mí que a mis amigas, no hay más – Contesté, perdiéndome en la profundidad de sus increíbles ojos.
— Ya veo, he encontrado a una chica noble que se sacrifica por sus amigas, increíble. Quedan pocas como tú en el mundo, no te me vas a escapar – Su sonrisa me devolvió toda la fuerza que creía haber perdido y no pude evitar responder con una sonrisa igual de amplia. Parece que no va a irse en cuanto sepa que estoy bien, quiero que se quede conmigo, siempre.
— Te ha costado acercarte a mí, ya era hora – Solté con una risa mientras lo acusaba con la mirada. Me miró sorprendido y se puso a reír.
— Lo que pasa, sabelotodo, es que me daba vergüenza. Al principio no pensaba ni que me estuvieras mirando a mí, y luego no entendía nada de lo que intentabas decirme – Contestó intentando defenderse, yo simplemente me reí en respuesta. ¿Vergüenza? ¿He encontrado a uno de los pocos hombres que quedan que son de verdad tímidos? Y no tiene pinta de creído, al contrario. Interesante.
— ¿No pensabas que te miraba a ti? Si lo último que he hecho ha sido disimular – Agregué con una carcajada, totalmente extasiada al encontrar al fin un hombre íntegro que valiera la pena conocer. Él negó con la cabeza, cerrando ligeramente los ojos. Entonces pude ver su mandíbula marcada como el límite de un acantilado, perfectamente moldeada. La barba incipiente color rubio oscuro lo hacía más sexy de lo que seguramente él se creía. Suspiré soñadoramente.
— ¿Cómo te llamas? – Me susurró en el oído, rozando su barba en mi mejilla haciéndome cosquillas. Me reí. Ni siquiera nos habíamos dicho nuestros nombres y estábamos hablando como si nos conociéramos de toda la vida. Lo que más me gusta de él es el hecho de ser tan natural, no tengo que pensarme qué decir o qué hacer cuando estoy a su alrededor.
— Amelia, ¿y tú? – Contesté en su oído, rozando suavemente mis labios con su mejilla aparentemente sin querer. Sonreí cuando reaccionó exactamente como quería que lo hiciera. Se giró hacia mí, enfrentándome y mirándome de los ojos a los labios por turnos.  
— Alex – Respondió entrecortadamente mientras miraba fijamente mis labios. Yo miraba fijamente a los suyos, deliciosamente carnosos, mientras me mordía el labio inferior, nerviosa. ¿Va a besarme? Si lo hace, me voy a deshacer.
Me dio un beso en la mejilla despacio, y giramos la cara a la vez y el segundo beso nos lo dimos en la comisura de la boca, noté la electricidad pasar a través de mis labios. Deseaba besarlo con todas mis fuerzas y noté que el sentimiento era mutuo.
Apreté mi agarre en su cuello, colocando una mano en su nuca. Entendió la señal y se acercó más a mí, poco a poco. Sonreí y, cuando estaba a punto de cerrar los ojos, vi una sonrisa grande como el sol formarse en su cara. Sus labios rozaron los míos con delicadeza y nuestros cuerpos reaccionaron al unísono. Me apretó contra él con las manos recorriéndome la espalda y yo le acaricié el pelo corto. Nuestras bocas bailaban juntas, como lo hacían nuestros cuerpos, al ritmo de la música. Me sentía en un hechizo, no podía apartarme de él. ¿Es correcto sentirme tan conectada con él si acabo de conocerlo? Nuestros besos destilaban deseo y una confianza que parecía innata, daba la impresión de ser algo real y no un rollo de una noche de discoteca. Solo espero que esto sea serio, a mí no me van los rollos de una noche.
— ¿Cuántos años tienes? – Preguntó con la respiración desigual, apartándose un momento de mis labios. Pasé la lengua por mis labios, notando el sabor de sus besos impregnado en ellos. No creo que pueda olvidar la sensación de sus labios sobre los míos, nunca. Ni la suavidad de sus caricias o el brillo de sus ojos.
— 19, ¿tú? – Contesté con un hilo de voz, resultado de estar bajo los efectos de sus increíbles besos. Sonrió, claramente sorprendido. No se esperaba ese número. Me miró con cara de preocupación.
— Pues yo tengo 32 – Contestó con una risa. Negué con la cabeza apartándome de él al instante. Me tapé la boca con las manos inconscientemente. Nononononono repetía en mi cabeza. Se puso a reír y me acercó de nuevo a él con mirada tierna.
— Ven aquí, relájate, es broma. No tengo 32, tengo 25 – Agregó, riéndose ante mi cara de susto. Me relajé al instante, permitiéndole que me acercara a él de nuevo. Volví a colocar mis brazos en su cuello y lo besé pasionalmente. Sus manos viajaron por mi cuerpo, gentilmente.
— Has hecho la broma para que cuando dijeras tu verdadera edad no me asustara tanto, ¿verdad? – Lo miré, sospechando. Me miró sorprendido de nuevo y se puso a reír.
— Chica lista, no hay muchas como tú la verdad. En realidad, no hay ninguna como tú. Eres especial, ¿Lo sabías? – Me miró durante unos segundos, como si fuera un gran trofeo y él supiera que tenía que ganárselo. Su mirada contrastaba con la mirada del moscardón, porque ese me miraba como si fuera un premio ganado y éste, como si supiera que no va a conseguir que me enamore de él con poca cosa. Aunque podría pillarme por él ahora mismo, porque es bastante perfecto hasta ahora.
Rocé mi nariz con la suya cariñosamente y nos pusimos a reír al instante. Su risa era melódica y contagiosa, se colaba dentro de mi sistema y me hacía temblar. Tengo un nuevo sonido favorito.
— ¿Qué estudias? – Preguntó con sincera curiosidad. Parece que quiere saberlo todo de mí, pues yo también quiero saberlo todo de él. Me encanta que él dé el primer paso siempre, es él el que hace las preguntas. Y lo más cómodo es que nada es incómodo, es decir, nada está forzado, todo sale natural.
— Estoy estudiando una doble ingeniería, Telecomunicaciones e Informática, estoy en mi primer año de universidad – Contesté orgullosa, ganándome una mirada de admiración que subía la moral. Me encanta sorprenderlo, es tan fácil.
— Wow, esa no me la esperaba, ni mucho menos. Yo soy cocinero – Respondió con un brillo especial en los ojos. Es guapo, poco creído, tímido, bueno besando, trabaja, es cariñoso, ¿Qué más podría pedir? Es perfecto.
— Me encanta, podrás cocinar para mí entonces, mmm sexy – Contesté emocionada, ganándome una risa despreocupada y de nuevo, sorprendida, por su parte. Me encanta ser imprevisible y dejarlo con la boca abierta, y ni siquiera me cuesta trabajo, me sale natural. Estoy cómoda a su alrededor, puedo decir lo que me pasa por la cabeza en cada momento sin preocuparme. Puedo ver que el mismo efecto que tiene sobre mí, lo tengo yo sobre él. Simplemente lo sé, por la forma en la que me mira, o cómo sus brazos acunan con cuidado mi cuerpo como si fuera un bien muy preciado y pudiera romperme.
— Siempre que quiera mi señora – Dijo caballerosamente, ganándose una risa sorprendida, ahora por mi parte. Ladeó la cabeza, pensativamente, mientras me miraba con atención, claramente pensando en algo más. Levanté las cejas en una pregunta silenciosa.
— Ams, ¿Crees en el destino? – Preguntó, tomándome por sorpresa totalmente. Me gustó que creara su propio diminutivo de mi nombre con tanta facilidad y naturalidad. No me esperaba tal pregunta. Los chicos normalmente no dicen estas cosas, simplemente si se lo pasan bien luego desaparecen para no comprometerse. Pero no sé por qué, pero tengo la sensación de que él no es de ese estilo, él parece ser de los que se comprometen. Pero tampoco debería hacerme demasiada ilusiones, ¿Y si no sale bien? Pero… No puedo evitarlo, necesito conocer más sobre él.
— No realmente, pero me estás haciendo cuestionarme todo lo que yo tenía interiorizado sin ningún problema. No me gusta – Contesté al cabo de unos segundos, dejándole claro que me había pillado con la guardia baja. Su sonrisa se incrementó con mi respuesta, claramente satisfecho con ésta.
— Pues yo creo en el destino, y creo que ha sido el destino el que nos ha unido – Soltó, mientras me acariciaba el brazo y me daba un beso en el cuello. Me aparté instintivamente ante el roce de sus labios cálidos en mi cuello, me causó escalofríos. Es mi puto débil, ha tardado poco en descubrirlo. Sonrió y lo volvió a hacer, esa vez no me aparté sino que cerré los ojos y disfruté de la sensación que me provocaba.
— Me quitas el aliento – Susurró en mi cuello, haciéndome cosquillas. Me reí nerviosamente y le mordí el cuello, dejando una marca.
— Tú me pones la piel de gallina – Susurré en su cuello, consiguiendo un beso en el hombro.
Lo abracé, apretándome contra él. Me rodeó más con los brazos y no me soltó, bailábamos a nuestro ritmo sin hacer caso de la música que sonaba de fondo. De repente, soltó una risa espontánea. Me aparté de él lo suficiente para observarlo y preguntarle con la mirada qué le hacía tanta gracia.
— No se me da muy bien bailar, por lo que has notado – Contestó a mi pregunta sin formular. Le sonreí y le di un pequeño beso en los labios. Cuando me separé, me lo devolvió exactamente igual y yo hice lo mismo. Nos pasamos un buen rato simplemente dándonos pequeños besos y sonriendo como dos niños pequeños.
— No importa, yo tampoco me desenvuelvo del todo bien en la pista de baile, así que tranquilo – Le dije con una sonrisa. Negó con la cabeza repetidamente, indignado.
— Mentirosa, te he visto moverte con naturalidad con tu increíble cuerpo y me has dejado tonto – Argumentó con tono serio. Me puse a reír y le di un suave golpe en el hombro.
— Exagerado… – Respondí, mirando hacia otra parte sonrojándome. Con una mano me cogió de la barbilla y me acercó a él de nuevo. Negando con la cabeza, se acercó a mis labios para besarlos de nuevo. Sus besos me tenían en otra parte, estaba en el cielo. Sonriendo, le mordí el labio inferior juguetonamente.
— Que mala eres… – Soltó  riéndose. Sonreí como hacía muchísimo que no hacía. Él saca la niña dentro de mí, pero también la parte más madura de mí misma. Es como si realzara mi personalidad y se deleitara de lo que descubre.
— No lo sabes tú bien – Susurré en su oído seductoramente.
— Ahora eres tú quien me provoca piel de gallina – Contestó con una sonrisa que podía iluminar una sala entera.
Me lo quedé mirando fijamente, con las manos acunando sus mejillas, rozando su barba con los dedos pulgares. Es perfecto, ¿Cómo he tenido tanta suerte de encontrármelo?
— ¿Qué ha sido lo primero que te ha llamado la atención de mí? – Preguntó sacándome de mi mundo. Sonreí y le miré fijamente esos ojos que tenía algún tipo de poder sobre mí.
— Tus ojos, sin duda alguna – Contesté sin necesidad de pensármelo, estaba clarísimo. Me miró extrañado – Tengo debilidad por los ojos claros, no sé realmente por qué. Pero ahora veo que tengo debilidad por ti, sobre todo lo demás – Añadí encogiéndome de hombros, pestañeando más de lo necesario para aparentar inocencia. Se puso a reír y me dio un beso profundo que me provocó un flaqueo en las piernas. Tuve que apretar más el agarre de su cuello para mantenerme de pie.
— ¿Y a ti? ¿Qué te llamó la atención de mí? – Pregunté al cabo de unos minutos, ya que con el beso casi se me olvidó de qué estábamos hablando. Realmente, con ese beso se me olvidó incluso mi propio nombre. Podría besarlo para siempre, sería feliz entre sus brazos.
— Tu sonrisa, es increíble – Me miró soñadoramente y lo besé pasionalmente. Este hombre me tiene completamente loca. ¡Y lo acabo de conocer! Pero parece como si ya nos conociéramos de toda la vida, y eso es imposible porque nunca me hubiera olvidado de esos ojos tan increíbles.
— ¿Puedo tener tu Facebook? Así podremos hablar después de hoy, o te podrías venir conmigo – Preguntó con los ojos brillantes de emoción. No hay nada más emocionante que la esperanza de un nuevo amor. Negué con la cabeza y me miró sorprendido, moviendo la cabeza ligeramente hacia atrás.
— Si quieres mi Facebook, tendrás que hacerte una foto conmigo con el fotógrafo oficial de la discoteca y cuando me etiquete el lunes, me tendrás. Y por lo de irme contigo, va a ser que no. Me quedo a dormir en casa de una amiga, lo siento – Solté, orgullosa. No voy a ponérselo tan fácil, ya lo ha tenido demasiado fácil hasta ahora. Me miró sorprendido y confuso. Me reí sola mientras procesaba la información recién incorporada – No te lo voy a poner tan fácil, aparte, si te doy mi nombre no va a ser tan fácil encontrarme, hay mucha gente con el mismo nombre – Expliqué intentando parecer inocente para que no pensara que le estaba poniendo obstáculos porque no quería nada con él. Se lo estoy poniendo difícil porque quiero que se lo tome enserio, quiero que vaya a por todas. Si se lo doy en bandeja, primero, no lo valorará y segundo, se cansará rápidamente. Porque lo que fácil viene, fácil se va. Me miró fijamente durante unos segundos, como si se encontrara en trance.
— Y ¿Dónde está el fotógrafo? – Preguntó de repente, mirando por encima de nuestras cabezas. Una carcajada se escapó de mis labios mientras buscaba entre la multitud.
— No lo veo, a lo mejor deberíamos movernos a ver si lo encontramos – Contesté pensativa, mientras observaba la multitud con los ojos muy abiertos.
— De acuerdo, pero antes… – Me susurró al oído. Curiosa me giré hacia él, y sin darme tiempo de responder colocó sus dos manos en mi cuello y me dio el beso de mi vida. Puse mis manos a ambos lados de su cintura, apretándolo contra mí. Cogí la tela de su camisa y la arrugué entre mis dedos mientras nuestras bocas iban por su propio camino provocando sensaciones de frío y calor por todo mi cuerpo. Su mano se enredó entre mi pelo y yo me abracé a su cintura, sonriendo. Noté su sonrisa a través de nuestros besos y fue mágico.
Nos soltamos al cabo de unos minutos que parecieron horas. Estábamos respirando entrecortadamente, como si el beso hubiera absorbido toda la energía de nuestro cuerpo. Me giré para ir en busca del fotógrafo desaparecido, pero antes de que me diera tiempo de dar siquiera un paso noté sus cálidas manos buscarse camino a través de mi cintura. Me apoyé en su pecho y entrelacé nuestras manos, él en respuesta me abrazó aún más y apoyó la barbilla en mi hombro. Di un paso y nos escurrímos entre la multitud buscando una persona en particular, pero no aparecía por ninguna parte. De repente, alguien me empujó y me fui hacia delante perdiendo el roce de sus manos.
Antes de que pudiera caerme, me cogió y me apretó contra él más fuerte que nunca. Con el corazón en la boca me apreté contra él, cogiendo sus manos y apretándolas aún más alrededor de mi cintura.
— Yo te protejo, preciosa – Me susurró, provocándome escalofríos.
— Qué suerte, tengo un Príncipe para mí sola – Le susurré de vuelta, mordiéndole el cuello.
— Deja de morderme, que mañana tengo una boda – Soltó una risita, pero no intentó separarme de él en ningún momento. Lo miré a los ojos.
— Pues te pones bufanda – Solté, dejándolo con la boca abierta. Nos pusimos a reír y me dio besos por el cuello, el hombro, la mandíbula, acabando en mis labios. Me separé, dejándolo con las ganas y me giré de nuevo para seguir con nuestra búsqueda.
Caminando de nuevo a través de la multitud, apreté sus brazos a mí alrededor enganchando nuestros cuerpos lo máximo posible.
— No me sueltes – Le dije sobre mi hombro, acariciando nuestras manos entrelazadas. Él apretó su agarre y apoyó su barbilla en mi hombro.
— Nunca – Contestó alto y claro. Sonriendo, giré la cabeza hacia él y le di un pequeño pero tierno beso. No fue suficiente para saciar las ganas que teníamos el uno del otro, así que me giró con un movimiento fluido y me besó de nuevo. Disfruté del toque de sus labios y de sus manos por mi cuerpo. Me hace sentir totalmente deseable y preciosa, nunca me había sentido así antes. Me encanta.
— Eres preciosa – Susurró sobre mis labios, haciéndome temblar. Negué con la cabeza y le mordí.
— Eres muy exagerado, y muy guapo, por cierto – Le contesté, mirándolo fijamente a los ojos.
— Ui que mentirosa… – Respondió, besándome una y otra vez.
Me separé y volví a buscar al fotógrafo. ¿Cómo puede haber desaparecido de tal manera? Si antes lo hemos visto Lil, Alba y yo.
— No lo veo, parece que no vas a tener mi Facebook después de todo – Canturreé juguetona mientras apoyaba mis codos en sus hombros, así podía jugar con su pelo con las manos.
— Ni hablar, voy a encontrar a ese maldito fotógrafo, no hay más que hablar – Dijo totalmente serio, consiguiendo una carcajada de mi parte. Cogió mi mano, entrelazó nuestros dedos y nos dirigimos entre la multitud de nuevo. Pasamos a través de la barra, nada. Miramos en el piso de arriba, nada. Suspiró. Me giré hacia él y lo miré. ¿Cómo puede ser tan guapo y no saberlo? Me encanta la manera en la que me mira, como si no hubiera otra persona en la sala, cuando en la sala no cabe ni un alfiler. Sonreí para mí misma.
— ¿No puedes sacar tu teléfono y agregarme a mí? – Preguntó con ojos suplicantes. Me puse a reír ante el panorama delante de mí. Parece un cachorro abandonado pidiendo que lo adopten.
— No me he traído el móvil – Dije sonriendo, mientras negaba con la cabeza. Me miró con los ojos entrecerrados y me señalé las caderas - ¿Tú crees que hay espacio para un móvil aquí? – Añadí riéndome ante su cara de derrota.
Me apartó de la multitud y encontramos una columna, solo verla me apoyó contra ella y empezó a besarme de nuevo. Una sonrisa grande como el mundo entero se formó en mi cara y se le contagió. Se separó y me miró como si me viera por primera vez, mordiéndose el labio inferior. Negó con la cabeza incrédulo. Yo tampoco me creo que esté pasando de verdad, parece un sueño. Un sueño del que no quiero despertar nunca.
— ¿Viniste aquí pensando que conocerías el amor de tu vida? – Preguntó de repente, cogiéndome totalmente desprevenida. No me esperaba tal pregunta. No me esperaba encontrar al hombre perfecto en una discoteca, y menos la primera vez que vengo.
— Exagerando de nuevo, por lo que veo – Contesté mientras le daba un beso y otro y otro. Empiezo a tener mucho calor. La multitud, el hechizo de Alex sobre mí y todos sus besos y caricias son un cóctel Molotov. Respiré entrecortadamente.
— No exagero ni una pizca – Contestó entre beso y beso. Apreté mi agarre en su cuello, haciéndolo mío.
— Me arden los labios… – Solté mientras lo abrazaba. Los noto hinchados y al rojo vivo. La sensación de sus labios sobre los míos me va a perseguir por el resto de mi vida, estoy segura. Nunca había sentido algo así cuando alguien me besa, todo lo demás desaparece y solo estamos nosotros dos y nuestras caricias.
— Si solo ardieran los labios… – Contestó, haciéndome reír. Este hombre tiene que hacer bien poco para conseguirme, ya me tiene completamente sin saberlo realmente.

jueves, 30 de mayo de 2013

Capítulo 1


Miré mi reflejo en el espejo con el ceño fruncido y me mordí el labio, pensativa. Las mallas azul eléctrico se adherían a la perfección a las curvas de mi cuerpo, acompañadas por una camiseta de tirantes de color negro, ceñida, que mostraba parte de mi sujetador fucsia. Estaba elevada sobre los botines azul eléctrico de 14 centímetros de alto, que estilizaban mis piernas.
Ladeé la cabeza y me recogí la larga cabellera con las manos y la alcé en una simulada cola de caballo. Me giré para verme de perfil. El pelo largo, negro azabache me llegaba hasta la cadera. Lo llevaba liso de plancha, obra de mi mejor amiga Lil, que resultaba ser peluquera. No me convence recogido, pero suelto tiene poco volumen.
— Amelia, estás guapísima de las dos maneras. Aunque yo me lo dejaría suelto, estás más sexy. Aparte, las dos sabemos que te gusta bailar tocándote el pelo – Ahí iba la respuesta a mi dilema. Sin tener que decir nada, me ha resuelto la duda. Asentí en su dirección con una sonrisa radiante, expectante. Entonces vi que estaba completamente maquillada, pero con el pijama puesto.
— Lil, ¿Aún no te has cambiado? Si salimos dentro de diez minutos… No tienes remedio, voy a maquillarme – Le pregunté mientras me apartaba del espejo de cuerpo entero y me dirigía al baño.
Miré entre el maquillaje y fui directa al rímel azul, el eyeliner a prueba de agua negro y el lápiz de ojos negro. El azul resalta el marrón oscuro de mis ojos, así que lo uso mucho. Puede que tenga que ver con el hecho de ser mi color favorito, puede…
— ¿Vamos en tu coche o en mi moto? – Pregunté mientras me aplicaba un poco de pintalabios rosa fucsia para darle un poco de color a mis labios carnosos. Me giré al ver que no contestaba y silbé – Wow, guapísima. Como para salir contigo… Me vas a dejar mal – Solté, consiguiendo que diera una vuelta sobre sí misma con una sonrisa. Nos pusimos a reír mientras se arreglaba la camiseta color crema con el hombro descubierto sobre la falta con estampado militar en tono rosa pálido. Me miró con cara de alarma, después de mirar el reloj de color azul neón atado a mi muñeca.
— Es tarde, y Alba nos está esperando. No podemos ir en tu moto, tonta, no cabremos. Vamos en mi Mini – Canturreó emocionada. Claro, coche nuevo. Cualquiera le dice que no. Me puse a reír y cogí mi chaqueta azul de piel, con el DNI y dinero en un bolsillo. ¿No necesito nada más, no? Sí, el pintalabios. Por si acaso me doy algún beso con algún chico guapo, así podré aplicármelo luego.
Alba saltó dentro del coche cuando pasamos por su casa a buscarla, llevaba un vestido azul con medias debajo. Nos dimos un abrazo fuerte a través del agujero entre los asientos delanteros.
— Bueno chicas, ¿Quién quiere fiesta? – Gritó. Estaba emocionada y contenta de vernos juntas de nuevo. Hacía tiempo que no salíamos de fiesta las tres juntas.
— ¡¡YO!! – Gritamos Lil y yo al unísono.
— Que hoy es una ocasión especial, ¡celebramos el cumpleaños 19 de Amelia! – Anunció Lil, consiguiendo gritos de emoción por parte de nosotras.
Pusimos la música de la radio en alto y empezamos a cantar, cada una a su manera. Esta noche promete.
— ¿Dónde vamos? ¿Tenemos discoteca en mente, o no? – Preguntó Alba desde el asiento de atrás. Me giré hacia ella, dejando de cantar durante un momento.
— Sí, vamos a la discoteca DCT. Yo nunca he ido, pero vosotras sí, así que seguro que está bien – Contesté más que emocionada. Es emocionante salir con estas dos locas, porque sin necesidad de tomarnos nada, ya estamos borrachas. Nos reímos de todo siempre, no necesariamente tiene que ser gracioso.
— Bien, esa discoteca me encanta. Pero ¿Alguien sabe qué significan las iniciales? Nunca he preguntado – Añadió Alba, curiosa.
— Pues nunca me había parado a pensar su significado, la verdad. Puede ser… ¿Dando Caña a Tope? – Cuando Lil acabó la frase, estallaron las carcajadas dentro del coche, que se escucharon como una melodía más poderosa que la propia música de fondo.
Llegamos allí, saltando del coche en cuanto Lil hubo aparcado, y pudimos observar que había poca gente para entrar y suspiramos aliviadas.
— Perfecto, poca gente, por ahora. De momento la gente está dentro, cuando salga fuera a la terraza será peor. Así que voto por la terraza por ahora, ¿Qué os parece? – Preguntó Lil, con seguridad. Nos miramos y asentimos en silencio.
Entramos y nos quedamos en la terraza, íbamos mirando a ver si había alguno que valiera la pena. Nos pusimos a reír al ver las caras de todos los hombres mirándonos.
— Parece que disimular ha pasado de moda – Solté sin pensar, que solo provocó más risas pos nuestra parte. El hecho de estar riéndonos ruidosamente, provocaba aún más miradas en nuestra dirección – Hay poca gente, ¿no? – Pregunté, mirando a mí alrededor.
Había grupos de chicos, grupos de chicas, y grupos bailando dentro, pero no llenaban la gran discoteca. Era un lugar acogedor, con 3 barras, el piso de arriba con una zona para hacer coreografías y taburetes altos donde tomarse algo tranquilamente. Fuera en la terraza había lugares donde sentarse, pero optamos por quedarnos de pie en el medio de la terraza hablando animadamente.
— Es temprano, apenas son la 1:30. Esto no se llena hasta pasadas las 2. ¿Crees que encontraremos a alguno que valga la pena? – Comentó Lil, mientras miraba con atención a los hombres que nos observaban sin ningún ápice de sutileza. A mí me da la risa floja cuando se me quedan mirando tan fijamente, normalmente se creen que les estoy sonriendo cuando en realidad me estoy riendo de ellos en su cara. Entonces es aún más gracioso.
— No sé qué decirte Lil, Parece que no solamente la sutileza ha pasado de moda, sino también el ser guapo – Canturreé mientras empezaba a moverme al ritmo de la música que sonaba dentro. Nos pusimos a reír las 3 y empezaron a imitarme, moviéndose lentamente.
— Parece que nos vamos animando, ¿Vamos a dejar las chaquetas y los bolsos al guardarropa? – Preguntó Alba, con un brillo en los ojos, que solo podía significar que estaba deseando entrar para darlo todo en la pista de baile.
— Hecho, pero no tengo donde ponerme el papelito luego. Bah, en el sujetador mismo – Anuncié a la vez que me giraba hacia dentro, ganándome miradas de los hombres colocados justo en la entrada. Me giré hacia ellos y les regalé una sonrisa de lado. Vi cómo me recorrían con la mirada y pude ver que no había ninguno que valiera la pena, realmente. Me giré de nuevo, decepcionada, dirigiéndome hacia la pista.
Pasamos a través de la gente, bailando, hasta el guardarropa. Justo antes de colocarme detrás de la última persona esperando, noté que alguien me cogía de la mano derecha. Me di la vuelta, alarmada. Vi que era un hombre con mirada penetrante. Si le sigo el rollo un poco, me dejará ir.
Le cogí la mano y di una vuelta, bailando. Entonces me acercó a él y nos pusimos a bailar al ritmo de fondo. Sonreí y me aparté, soltando su mano rápidamente. Lo dejé con las ganas de bailar más conmigo, pero no molestó de nuevo y me coloqué en la cola.
— Veo que nuestra Amelia va ganando terreno mientras camina – Dijo Alba cuando me coloqué entre las dos, que estaban esperando. Solté una risa y negué con la cabeza.
— Simplemente me divertía, nada más – Contesté sin inmutarme – Un moscardón más – Con mi último comentario me gané dos caras desconcertadas y curiosas. Me puse a reír.
— ¿Moscardón? ¿Qué es eso? ¿Hablas nuestro idioma? – Preguntó Lil riéndose.
— Claro que no, tengo mi propio idioma, algún día decidiré qué nombre ponerle. Pues eso, moscardón: Grande, feo, ruidoso y molesto, muchas veces musculoso y sobretodo creído. Definición perfecta, ¿o me lo vais a negar? – Contesté con una carcajada descuidada. Sus carcajadas me acompañaron solo oír mi definición.
— Perfecto, les va como anillo al dedo, ahora que lo pienso – Gritó Lil sobre la música.
Dejamos nuestras cosas en el guardarropa y me guardé el resguardo en el sujetador. Pero por miedo a bailar y perder el papel, se lo di a Lil para que me lo guardara.
— Si te pierdo, te llamo – Dijo ella, cogiendo el papel y guardándolo en el bolsillo trasero de la falta militar. Negué con la cabeza, rápidamente.
— No me he traído el teléfono, voy con mallas, ¿Dónde me lo guardo, en las bragas? – Solté yo, riéndome mientras me señalaba las caderas. Me miraron como si estuviera loca – ¿Qué? – Añadí, sintiéndome intimidada por sus miradas persistentes.
— ¿Cómo puedes salir sin el móvil? – Soltó Alba, mirándome extrañada.
— Abriendo la puerta y dando un paso hacia fuera, no es tan difícil – Contesté sarcásticamente. Se pusieron a reír, pero me miraron fijamente hasta que aparté la mirada.
— Ahora enserio, ¿Por qué te lo has dejado? – Preguntó Lil, sabiendo que había algo debajo que no estaba contando. Suspiré y las miré de nuevo, con una sonrisa pícara en los labios. Levantaron las cejas expectantes, sin saber qué esperar de mi respuesta.
— Hay dos razones importantes. Primero, no tenía batería. Segundo, así no me veo forzada a grabarme el teléfono de nadie. Si alguien quiere algo conmigo, que se grabe el mío y dé el primer paso. No pienso arrastrarme, ni ir detrás de nadie, justo al revés. Quiero que me persigan a mí, a ver qué tal se les da – Solté una carcajada al acabar la frase, ganándome miradas divertidas de las dos locas delante de mí.
— Lo sabía, siempre tienes motivos ocultos para hacer las cosas. Te conozco, sé que eres complicada por mucho que pienses que eres una persona simple – Me acusó Lil. La miré con el ceño fruncido, negando con la cabeza. Me conoce demasiado bien.
— Es muy simple, no voy a mover un dedo. ¿Qué hay más simple que eso? – Grité para que me escucharan entre los gritos de un grupo de nuestra derecha.
— ¿Qué está pasando? ¿A qué viene tanto escándalo? – Preguntamos todas, mirando hacia la dirección del ruido. Era un grupo de chicos saltando y chillando. Uno de ellos, el más alto, se acercó a nosotras. Vi como Alba y Lil se tensaban. Me giré hacia ellas.
— No se os va a acercar, no lo voy a permitir. Tirad hacia atrás, os busco luego, ¿Sí? – Grité lo suficiente para que me oyeran ellas y solo ellas. Asintieron, mirando fijamente al moreno con cara amenazante que seguía acercándose, y se fueron en la dirección contraria.
Me acerqué a él, bailando, intentando distraerlo para que no notara que mis amigas habían salido corriendo. Cuando sus ojos recorrieron mi cuerpo como si me acariciara, noté un escalofrío desagradable recorrerme el cuerpo. Solo tengo que entretenerlo un rato, para que se olvide de nosotras. A ver cómo me deshago de este pelmazo, esto sí que es un moscardón y lo demás son tonterías.
Colocó sus manos en mis caderas mientras yo las movía seductoramente con la música.
— Eres preciosa, ¿Lo sabías? – Me susurró al oído, mientras recorría mi espalda con sus grandes manazas. Hice una mueca aprovechando que no me veía la cara – Veo que tus amigas te han dejado aparte – Añadió al ver que no tenía ninguna intención de contestar. Lo aparté de mi cuello con la mano y lo miré desafiante.
— A ellas ni te acerques, ¿Me oyes? – Lo amenacé señalándole el pecho con el dedo índice. Soltó una carcajada y me miró con admiración. Jadeé inconscientemente.
— Guerrera, me gusta. No quiero a tus amigas, te quiero a ti. ¿Qué te parece? – Contestó burlonamente. Retuve mis instintos más básicos, que consistían en romperle la nariz, y en cambio, sonreí forzosamente. No quiero montar una escena aquí en medio de todo el mundo, aparte del hecho que es mucho más fuerte que yo y por mucho que me defienda me haría daño igualmente.
— Asqueroso – Susurré con desprecio, no muy segura de que pudiera oírme sobre la música. Me miró confundido.
— ¿Qué has dicho? – Preguntó inocentemente. Suspiré.
— He dicho: Maravilloso – Grité con falsa emoción. Sonrió con diversión, como si acabara de recibir un premio y estuviera orgulloso de sí mismo. Me da asco, tiene pinta de ser de los creídos. Eso no lo soporto. Un hombre puede ser guapísimo, pero si es un creído pierde todo el encanto para mí.
De repente, estaba aplastada contra su pecho duro y fuerte. Coloqué mis manos en sus pectorales e intenté apartarme, fallando de inmediato. Notó que intentaba escapar y me apretó aún más contra él. De acuerdo, ya lo he apartado de mis amigas, ¿Ahora cómo lo aparto de mí? Entonces, me acordé de las palabras de esa mañana de mi madre.
“— ¿Qué haréis esta noche? – Me preguntó divertida. La miré con brillo en los ojos.
— La idea es ir a la discoteca DCT, a las afueras. A ver si puedo poner en práctica mi fantasía de discoteca de todos los tiempos – Contesté, mientras recogía mis cosas y las guardaba en una bolsa. Mi madre se me quedó mirando curiosa, ladeando la cabeza.
— ¿Fantasía? No tengo entendido que tengas una fantasía de ninguna discoteca, ¿Me la has contado? – Preguntó, expresando la curiosidad a través de esos ojos verdes brillantes. ¿Por qué no pude heredar esos ojos? ¿Por qué los míos tienen que ser de color marrón miel? Y no hablemos de su cabellera rubia, si de verdad parezco adoptada…
Sí que te la he contado, mira, consiste en: Estoy en la discoteca, y un moscardón viene a molestar. Entonces yo usando eso como excusa, busco a un chico guapo y le pido que me ayude. A lo mejor con la mirada, simplemente pidiéndoselo, o diciéndole que me siga el rollo. En ese momento, el chico guapo, sintiéndose como un caballero con armadura brillante me va a rescatar de las garras del dragón escupe-fuego. Esa es la mejor excusa para acercarme al chico y conocerlo. Es buena idea ¿verdad? – Le expliqué, mientras paseaba del baño a mi habitación, recogiendo todo lo necesario para pasar el fin de semana en casa de Lil. Me miró sorprendida y entonces se puso a reír, asintiendo con la cabeza haciendo que sus ojos brillaran y su cabello se le colocara en la cara. Me reí.
— Es muy buena idea, no se me hubiera ocurrido nunca. Tienes mucha imaginación, pero ¿No tendrías que tener en primer lugar un moscardón? Porque claro, el escoger el chico guapo y que te ayude depende totalmente de ti. Pero que un moscardón te acose no, es totalmente arbitrario. ¿Me entiendes? – Asentí, pensativa. No lo había pensado de esa manera. Bueno, entonces si pasa, será por casualidad y será aún más divertido.
— Pues por casualidad, mama. Si pasa, entonces podré hacer realidad mi fantasía. Sino, pues otra vez será – Contesté encogiéndome de hombros. Me miró con el ceño fruncido y sabía perfectamente lo que venía después.
— Hija mía, las Casualidades NO existen, todo pasa por una razón – Dijo ella mientras colocaba las manos en mis hombros cariñosamente y les daba un apretón suave. Negué con la cabeza, sonriendo. Es una pelea que no pienso librar ahora mismo.”
Suspiré. Es Casualidad… Solo eso. Pues ahora tengo la oportunidad de hacer realidad mi fantasía de todos los tiempos, solo tengo que encontrar a algún chico dispuesto a ayudarme. Esto puede ser difícil, pero no puedo perder la ilusión, sino me pasaré la noche entera con este pedazo de… Moscardón, dejémoslo en Moscardón.
Miré a mí alrededor, buscando desesperadamente una salida de la cárcel de sus brazos enormes. Me gustan musculosos, pero no tanto. Es como si en vez de comida, comiera esteroides. No veo a nadie que me mire, o pueda ayudarme. ¿Qué voy a hacer?
Entonces me giré hacia mi izquierda y me quedé de piedra, abrí los ojos más de lo normal. Si ya tengo los ojos grandes siempre, en este momento deben verse enormes. Mis amigas estaban bailando a tres metros de donde yo me encontraba. Negué con la cabeza ligeramente mientras intentaba pensar en un plan para llamar su atención y sacarlas de allí.
Opté por la opción arriesgada, cogí de las manos al moscardón, Ni siquiera me interesa saber su nombre, y lo giré de espaldas a ellas y lo empujé con mi cuerpo hacia ellas. Nos chocamos con Lil, que miró alarmada hacia nosotros. Evitando que él se girara y las viera, rodeé su cuello con los brazos apoyándome en las puntas de los pies para intentar igualar su altura. Eso pareció calmarlo y no se giró. Sonreí aliviada mientras les indicaba con la cabeza, por encima del hombro de él, que se fueran de su vista. Me miraron con pena y remordimiento y les brindé otra sonrisa, indicándoles que estaría bien. Finalmente, se fueron hacia el fondo, donde él no pudiera verlas.
Podría conseguir que uno de los de seguridad se lo llevaran, pero… ¿Cómo consigo llamar su atención? Tengo que pensar en algo, y rápido, porque este hombre está empezando a tocar demasiado. Aparté sus manazas de mi trasero de mala gana, ganándome un poco de espacio vital. Respiré hondo y me giré, apoyando mi espalda en su pecho, para poder ver mejor la gente que me rodeaba. Tiene que haber alguien, por favor. Miré hacia el suelo, decaída. Había perdido casi completamente la ilusión de encontrar un caballero que pudiera salvarme.
Levanté la vista y lo vi. Unos ojos claros, de color indefinido bajo la luz parpadeante de la discoteca. En ese instante, el tiempo se paró, a la vez que lo hizo mi corazón. Un hombre, con un grupo de amigos, me estaba mirando fijamente. Sonreí emocionada, y me devolvió la sonrisa. Vaya sonrisa, que ojazos. Este hombre es guapísimo, y me está mirando a mí. Noté un rubor subir por mi cuello y posarse en mis pómulos, brindando color a mi cara. Bajé la mirada y la volví a subir, intentando conseguir su completa atención.
Articulé “Ayuda” con los labios, pero me miró con el ceño fruncido sin entender. Suspiré, notando la impaciencia hervir dentro de mí. Abrí mucho los ojos y le indiqué con la mirada las manos que rodeaban mi cintura y el hombre apoyado en mi espalda. Él abrió los ojos sorprendido, empezando a entender pero sin acabar de saber qué quería yo que hiciera él. Para probárselo, intenté apartar las manos de mi cintura, y el hombre de mi espalda me apretó más contra él.
Hice una mueca de dolor cuando por un segundo me faltó el aire. Respiré entrecortadamente, intentando girarme, pero estaba inmovilizada. Esto está yendo por un camino que no me gusta nada. Por suerte ya he encontrado a alguien que puede ayudarme. ¿Espera, dónde está?
Miré hacia el grupo de amigos donde segundos antes se encontraba él, pero solo estaban sus amigos que me miraban con curiosidad. Los miré intentando preguntar con la mirada dónde estaba él, mi salvador, mi ojazos claros. Ellos simplemente me sonrieron y miraron a algo detrás de mí. No me lo puedo creer, ha desaparecido. ¿Qué voy a hacer ahora?
Perdone, señorita. ¿Le molesta este hombre? – Oí una voz profunda y seria detrás de nosotros. Sonreí sintiendo el alivio recorrerme el cuerpo desde la cabeza a los pies. Noté que el moscardón se ponía tenso y me apretaba contra él.
— De hecho sí. No puedo soltarme, ¿Le importaría? – Pregunté mientras señalaba las manos que me tenían presa. El hombre alto, musculado, vestido completamente de negro asintió en mi dirección y con cuidado de no hacerme daño apartó las manos que me oprimían la cintura. Respiré hondo una vez me hubo liberado – Muchas gracias, de verdad. Pensaba que no tenía escapatoria – Lo miré agradecida, mientras empezaba a llevarse al pesado de turno. Evité mirarlo y sonreí satisfecha. Por fin. Suspiré.
— No me dé las gracias a mí, déselas a su novio que me ha avisado. Que pase una buena noche, para cualquier cosa que necesite estoy en la puerta, me llamo Travis – Contestó el hombre de negro, el guardia de la puerta que acababa de salvarme, con una sonrisa radiante. Espera, ¿Novio?
Apareció ante mí mi salvador, cuando desaparecieron por la puerta Travis y el moscardón. Esos ojos indefinibles, esa sonrisa embriagadora que estaba enmarcada por una barba incipiente de color rubio oscuro. Sonreí ampliamente y me lancé a sus brazos, abrazándolo, pillándolo completamente por sorpresa. Ya estoy a salvo.

Sinopsis

¿Tiene el destino suficiente poder para juntar a dos personas?
Un flechazo inmediato, la imposibilidad de una relación a distancia, un amor doloroso.
¿El amor es suficiente? o ¿Es necesario un empujón extra del destino?
A veces, tienes la suerte de encontrar el amor de tu vida. Y el hecho de ser difícil, lo hace más valioso,
¿O no?


Esta es mi segunda novela, espero que guste y llame la atención. Solo espero que de tanta ilusión leerla como me da a mí escribirla.