jueves, 22 de agosto de 2013

Capítulo 4

Me esperaba cualquier cosa menos eso. Me esperaba incluso que tuviera novia, con lo guapo que es, no sería un misterio. Pero que vive en Londres… Esto ha dolido. Estaba en shock, no podía moverme. Vi cómo se agachaba y al levantarse tenía mi chaqueta en sus grandes manos¿Se me ha caído la chaqueta? Miré hacia abajo y vi que tenía los brazos colgando a mis costados totalmente inertes, no podía moverlos. No podía moverme en absoluto. Esto no puede funcionar, una cosa que no quiero es pasarlo mal por la distancia. Lo echaría demasiado de menos, vamos a sufrir. Pero a la vez quiero intentarlo, una conexión como esta no se tiene todos los días. Nos merecemos darle un voto de confianza al menos. Siento que es lo correcto, siento que debo intentarlo. No quiero pasarme el resto de mi vida preguntándome qué podría haber sido. Me niego a vivir con arrepentimientos.

— Por favor, di algo – Susurró, colocando las manos en mis mejillas, acariciándome suavemente con la yema de sus dedos. Lo miré a los ojos y supe que mi decisión había sido tomada, iba a tirarme de cabeza a la piscina sin importar los obstáculos que pudiera encontrarme. No puedo irme pensando ¿Y si hubiera funcionado? Prefiero sufrir, pero sin ningún arrepentimiento, sin nada por hacer. Colocó nuestras frentes juntas y cerré los ojos un segundo.

Levanté la cabeza y lo besé, sin decir ninguna palabra. Creo que no son necesarias las palabras en este momento. Nuestros labios bailaron juntos, al principio sutilmente como si tuvieran miedo de entregar demasiado. Entonces con fiereza, como si el verdadero miedo fuera no volver a encontrarse. La necesidad era palpable y el cariño era suave y sincero. No quería separarme de él.

— Me voy el viernes, por eso quiero verte durante la semana. Estoy de vacaciones y he venido por la boda que tengo mañana por la tarde. Me gustas de verdad, y ojalá no viviera allí en estos momentos. Espera aquí un segundo – Me dio un beso rápido y entró en la discoteca. Intenté ver hacia dónde se dirigía pero había tanta gente que era totalmente imposible de predecir.

— Amelia, tenemos que irnos. ¿Qué haces aquí parada sola? – Preguntó Alba. La miré con ojos suplicantes, para que me diera un poco más de tiempo. ¿Por qué no me he traído mi moto? Suspiré. Ya lo sé para la próxima, no me gusta depender de otras personas, te quita libertad. Me molesta por la independencia, no porque no pueda irme con él, claro… No me lo creo ni yo.

Apareció Alex de repente, con su chaqueta en la mano. ¿Dónde va? No entiendo nada.Cuando vi mi chaqueta en sus manos me di cuenta de que tenía frío, estaba temblando. Él lo vio y me colocó su chaqueta en los hombros. Absorbiendo su olor, metí mis brazos por las mangas y me abracé a mi misma disfrutando de la sensación. Le tendió mi chaqueta a Alba, la cogió y se giró para irse.

— Me tengo que ir, ¿Nos vemos el miércoles? Te devolveré tu chaqueta roja de piel, que por cierto me encanta – Dije, antes de acercarme y darle nuestro último beso e irme – Te voy a echar de menos – Añadí, con voz suave. Lo voy a echar mucho de menos.

— Mentirosa, quien te va a echar de menos soy yo. Ya tengo tu teléfono, mañana hablamos – Soltó, dándome otro beso, esta vez más largo y profundo. Suspiré y me fui.

Corrí para alcanzar a Alba y Lil que estaban a punto de salir de la discoteca. Pasé por las puertas, enseñando el sello de mi muñeca.

— Adiós Travis, nos vemos en otra ocasión – Dije mientras abrazaba al hombre grande y musculoso vestido de negro. Me devolvió el abrazo levantándome del suelo, ganándose una risa de mi parte.

— Nos vemos, ahora que pienso, no sé tu nombre – Dijo Travis cuando me dejó en el suelo. Sonreí pensativa. Es verdad, me ha salvado y ni siquiera me he dignado a decirle mi nombre.

— Es verdad, culpa mía, me llamo Amelia. Gracias de nuevo por salvarme de ese moscardón – Le contesté amistosamente. Me sonrió y sacó el teléfono de su bolsillo trasero.

— Dame tu teléfono y nos mantenemos en contacto. Una chica tan guapa como tú debería tener refuerzos a su servicio. Puedes llamarme cuando quieras e iré a rescatartede quien sea – Contestó orgulloso el hombre de anchos hombros. Me puse a reír pero le quité de las manos el teléfono para poner mi número. Tiene razón, me irá bien conocer al portero de una discoteca que pueda defenderme en cualquier situación.

— Gracias, lo tendré en cuenta. Nos vemos – Contesté animada mientras le devolvía el teléfono después de hacer una llamada a mi número para grabármelo luego.

Corrí para alcanzarlas, estaban en medio del parking esperándome. Llegué con una sonrisa pintada en la cara y me gané unas risitas por parte de las dos.

— ¿Qué? – Pregunté, intentando que pararan de reírse en mi cara sin ninguna intención de disimular. Me toqué inconscientemente los labios, me ardían. Sentía un cosquilleo por todo el cuerpo, desde los labios hinchados hasta los pies doloridos por los zapatos de tacón. Notaba que echaba de menos sus brazos a mi alrededor, y su mirada atravesándome como si quisiera averiguar hasta el último detalle de mi ser. Lo echaba de menos y apenas acababa de salir.

— Embobada, vámonos. Dios mío, Alba, lo que nos espera con esta enamorada – Suspiró Lil exagerando mi mirada. Me puse a reír al ver el espectáculo delante de mí.

— ¡No estoy enamorada! – Grité mientras intentaba con todas mis fuerzas no sonreír como una tonta enamorada, pero fallando de manera imperial. Me negué a mirarlas mientras me observaban fijamente y se reían.

— Aún… Tú espera unas horas… No podremos soportarte por nada del mundo – Soltó Alba mientras se metía dentro del coche. Suspiré sin perder la sonrisa, era incapaz de parar.

Nadie nunca me ha hecho sentir como él. NUNCA. Él es exactamente lo que estaba buscando sin siquiera saberlo. No sabía que quería a alguien como él hasta que lo he conocido. No puedo evitar sentir este cosquilleo en el estómago continuamente, porque no puedo sacármelo de la cabeza. La sensación que tengo en los labios, como si no me pertenecieran, es nueva para mí y no quiero perderla por nada del mundo. Si por mí fuera tendría los labios así de hinchados y al rojo vivo todos los días, porque eso querría decir que mis labios le pertenecen. Que yo le pertenezco. Hoy me he sentido preciosa, querida, valiosa. Nunca me había pasado, una simple mirada suya me ha subido la autoestima como la espuma.

— ¡Tierra llamando a Amelia! Hemos llegado, ¿Puedes volver a nuestro mundo, por favor? – Gritó Lil despertándome de mi trance. Me reí y la empujé cuando salió del coche. Subimos a su habitación y nos cambiamos rápidamente.

— Así que, Ams, cuéntanos cómo es él – Dijo Alba, sentándose en la mullida alfombra negra en medio de la gran habitación. Suspiré soñadoramente y me senté en la alfombra, delante de Alba, con las piernas cruzadas.

— Es perfecto, es tal y como me gustan los chicos. Mi prototipo de chico perfecto: es mayor, ojos claros, no fuma, nada creído, bueno, cariñoso, trabaja, simplemente perfecto. Pero lo que más me gusta de él es cómo me hace sentir a mí. Siento que soy preciosa y valiosa, como si pudiera conseguir cualquier cosa si estoy a su lado. Y cuando me mira… Me deshace completamente. No sé, no puedo explicarlo totalmente. No tengo una lista de razones, simplemente me encanta. Sin más razones ni conocimientos, sé perfectamente que es él – Suspiré de nuevo al dejar al descubierto mis sentimientos. Me sentía confusa y emocionada. Deseaba verlo de nuevo, ya notaba el vacío que habían dejado sus brazos y sus besos.

— Me equivocaba, ni siquiera horas. ¡Ya estás enamorada! – Canturreó Lil, emocionada. Me dolían las mejillas de tanto sonreír y los labios me ardían todavía – ¿Le has dado tu número? – Me preguntó con los ojos muy grandes. Asentí con la cabeza, mirándola incrédula.

— ¿Por qué? ¿Crees que me enviará algo ahora? – Se encogió de hombros y sonriendo como si tuviera un secreto y señaló con la cabeza mi móvil al otro lado de la sala. Me levanté de un salto y fui corriendo hacia él.

Tenía un mensaje de un número desconocido, aparte de la llamada desde el teléfono de Travis. Me puse a saltar y a chillar mientras lo abría.

— ¿Ams? ¿Te ha enviado algo? – Preguntaron las dos al mismo tiempo mientras se levantaban y corrían a mi lado. Asentí con la cabeza mientras leía el mensaje una y otravez – ¿Qué pone? ¿Qué pone? ¿Qué pone? – Preguntó Alba mientras intentaba mirar sobre mi hombro.

— ¡Pone que me echa de menos! – Chillé, más que emocionada. Me guardé el número y le contesté.

— ¡Qué mono! Tenías razón… Ya está enamorada – Soltó Alba, mirando a Lil – ¿Qué le contestarás? – Preguntó, esta vez dirigiéndome a mí.

— Que yo también lo echo de menos, pero lo que más me gusta de su mensaje, es el hecho de estar escrito en inglés. Claro, vive en Londres… Tiene que saber inglés a la fuerza – Contesté, de repente triste.

— ¿Qué? – Preguntaron las dos a la vez, de nuevo. Me negué a mirarlas y me llevé el teléfono hasta la alfombra y me estiré en un cojín. Mierda. Vive en Londres… Debería apartarme porque lo vamos a pasar mal, realmente mal. Pero no puedo parar de pensar en él, no hay manera humana de sacármelo ahora de la cabeza.

 ¿Que vive en Londres, dices? – Preguntó Lil, alarmada. Asentí sin mirarlas. Sé que es estúpido encapricharme ahora, cuando se va a ir, pero no puedo evitarlo. No controlo mis sentimientos, ellos me controlan a mí. Yo no he escogido enamorarme de un hombre que vive tan lejos. La verdad es que me ha enganchado antes de saberlo, pero yo sé que aunque lo hubiera sabido antes, estaría en la misma situación en estos momentos. Por mucho que hubiera sabido dónde vive desde el principio, no habría cambiado nada porque mi corazón va por libre, no me escucha. Suspiré de manera exagerada.

— Sí, como habéis oído, vive en Londres – Contesté con un hilo de voz a la vez que me tapaba la cara con las manos, intentando controlar mi reacción ante esa frase con tanto poder por sí misma – ¿Pero sabéis qué? – Me miraron sorprendidas cuando levanté la cabeza rápidamente, como si fuera un muelle – Prefiero que me controlen mis sentimientos, a que me controle mi miedo – Añadí, con la cabeza alta – Solo se vive una vez. Prefiero arriesgarme y sufrir, en vez de arrepentirme toda la vida de no haber hecho todo lo que estaba en mi mano para ser feliz aunque fuera un segundo. Odiaría pasarme mi vida entera pensando ¿Y si…? ¿Y si hubiera funcionado? ¿Y si él es el adecuado? ¿Y si lo resolvemos y soy más feliz que nunca? Nunca me lo perdonaría. Y por el simple hecho de no querer pasarme mi vida con arrepentimientos, no me arrepiento de estar enamorándome de él – Contesté aparentando más seguridad de la que realmente sentía en esos momentos. Me miraban como si me hubiera vuelto loca. Como si fuera un insecto que acabara de cambiar su piel y se hubiera despojado de la antigua y se la hubiera tirado encima a ellas. Pestañeé repetidamente esperando una respuesta, o algo. Entonces recibí otro mensaje y saltamos las tres a la vez a ver qué ponía.

¿Cómo está mi Princesa?

Solté una risa tonta al ver el mensaje y me tapé la cara con el teléfono mientras las otras hacían ruidos desagradables indicando lo pomposos que éramos. Decidí dejar de reírme y sonrojarme y contestar.

Pensando en ti y en las ganas que tengo de volver a verte.

— Oh, esto es una verdadera historia de amor. Lo estoy viendo – Cantó Alba mientras se reía. Lil estaba dando vueltas por la alfombra retorciéndose del ataque de risa repentino. Miré el reloj, eran las 7:30 de la mañana y empezaba a tener sueño. Así que seguí a Lil a su cama de matrimonio y me estiré pensando en él. Antes de que me diera cuenta, me había quedado dormida.

El sonido de mi móvil me despertó de repente, me senté de un solo movimiento provocando que todo me diera vueltas. Miré mi teléfono, era un mensaje. Sonreí al instante y lo abrí, emocionada.

¿Qué haces hoy?

Salté de la cama sigilosamente intentando no despertar a Lil y pasé por encima de la cama de Alba sin cuidado alguno, porque aquella ni con una bomba se hubiera despertado. Llegué a la alfombra y me estiré poniendo un cojín debajo de mi cabeza.

Tengo planes para irme con Lil al cine, tú tienes la boda ¿Verdad?

Contesté con una sonrisa radiante en la cara. Rozando mis labios con la yema de mis dedos noté que seguían ardiendo e hinchados. No quiero que esta sensacióndesaparezca nunca. Es como si aún pudiera sentir sus labios sobre los míos si cierro los ojos. Como si pudiera sentir su presencia solo con imaginarla, porque mi piel recuerda perfectamente tus caricias. Mi cuerpo guarda su recuerdo como un muy preciado tesoro. No pensaba que encontraría a la persona ideal para mí en una discoteca, supongo que se puede encontrar en cualquier parte. Yo simplemente he tenido suerte de que sea en un lugar con tanta gente. Sí, sé que es muy temprano y precipitado pensar en cosas como “la persona ideal para mí” pero no puedo evitarlo. Es una cosa que simplemente se siente o no se siente, y cuando se siente no se tiene ni una sola duda. Él es todo lo que siempre he querido, sin siquiera saberlo. Que exagerada y peliculera que llego a ser… No tengo remedio, tengo muchos números de salir herida de una situación así. No solo por el hecho que viva lejos, sino por entregarme tan rápidamente e incondicionalmente. Pero pienso que se tiene que querer como si nunca te hubiera herido, se tiene que arriesgar para obtener algo a cambio.

Sí, es por la tarde. ¿Qué película vais a ver? ¿Cuándo vuelves a tu casa? Podríamos pasar unas horas juntos antes de que vuelvas.

Salté desde mi mundo hasta la habitación de Lil en menos de un segundo al notar la vibración de mi móvil. Mi corazón va a todo gas cuando pienso en él o estoy hablando con él, es como si me volviera loca. En realidad, sí, me he vuelto loca. Me tiemblan las piernas y la cabeza me da vueltas con el simple pensamiento de volver a verlo de nuevo hoy. No puedo sacármelo de la cabeza, está integrado bajo mi piel. Tengo los nervios a flor de piel y siento como si pudiera ponerme a saltar y gritar en cualquier momento sin razón aparente.

Claro, me encantaría. Vuelvo por la noche a mi casa, duermo en casa de mi padre. Te echo de menos. La película se llama “Un amor entre dos mundos”, Irónico

Suspiré, acordándome. Este viernes se vuelve a Londres… No quiero separarme de él. No creo que las relaciones a distancia funcionen, la verdad. No quiero pensar en eso, sé que es infantil pero no quiero estar pensando en el poco tiempo que le queda aquí, quiero pensar en el tiempo que puedo pasar con él.

Sí, parece una casualidad hecha exclusivamente para nosotros, para recordarnos los obstáculos que tenemos delante. Siento haber tardado tanto en decirte que vivo en Londres, no es justo para ti. Pero egoístamente pensé que podía hacer que no fuera real durante una noche solamente por no pensar en ello.

Cerré los ojos durante unos segundos mientras me masajeaba el puente de la nariz con el índice y el pulgar de la mano derecha. Suspiré y los abrí de nuevo, releyendo el mensaje. Es una situación en la que nunca me había visto, una situación de la que no sé cómo salir. No sé siquiera cómo abordarla y eso me da miedo. Me da miedo el no saber cómo enfrentarme a los problemas que surjan en el futuro, por mala suerte, no muy lejano.

Te entiendo, y no creas que hubiera supuesto algún cambio el hecho de saberlo antes. No me hubiera parado, ya estaba metida desde la cabeza a los pies en el mismo instante en el que nuestras miradas se cruzaron por primera vez.

Noté un escalofrío recorrerme el cuerpo, me levanté, cogí la cazadora roja y me la puse con una sonrisa. Me envolví con los brazos y sentí su olor, era como si estuviera él rodeándome con sus brazos. Cerré los ojos y suspiré. Me quedé quieta, y lo más probable, dormida. De repente, mi móvil vibró de nuevo. Medio dormida, leí el mensaje que acababa de recibir.

Yo estuve perdido en el mismo instante en el que vi tu sonrisa, me quedé de piedra. Todo en lo que podía pensar era en acercarme a ti, no había manera humana de evitarlo. Me tenías hechizado.

Noté mis mejillas tirar, y una sonrisa grande como mis sentimientos por él se formó en mi cara. Si tengo esta sonrisa en la cara, es única y exclusivamente por culpa suya.

Mi sonrisa es por culpa tuya. Ahora mismo estoy envuelta en tu cazadora, imaginándome que estoy entre tus brazos. Sabes que puedes despedirte de esta cazadora, es oficialmente mía. Me arden los labios aún, ¿Por qué será?

No puedo arrancármelo de la cabeza, se ha metido bajo mi piel. Las sensaciones que me ha provocado y los sentimientos que me ha hecho experimentar son nuevos para mí. Nunca me había sentido así de deseada por nadie antes, nunca me había sentido algo especial para alguien. Me acurruqué más entre la chaqueta con olor a él, deseando estar a su lado en ese momento más que nada en este mundo.

Quiero que la tengas tú, así me tienes siempre contigo. Me encantaría tenerte entre mis brazos y hacer que tus labios ardieran aún más. Intentaré salir temprano de la boda para poder verte aunque sea un rato. Te echo de menos. Son las 9 de la mañana, mejor me voy a dormir que sino luego no podré ni ir a la boda, suerte que es por la tarde.

Sonreí y solté el aire que estaba sosteniendo. No puede ser que me apegue a alguien tan rápidamente, esto va a salir mal. Pero siento que quiero averiguar más sobre él, siento que sí que podríamos estar juntos. Sé que podría enseñarle la parte de mí que pocas personas ven.

Buenas noches, yo también te echo de menos. Si no puedes escaparte tampoco pasa nada, me parece un poco egoísta robarte de todas las personas de la boda. Me sabe mal. Descansa.

Y con eso, me acurruqué en la alfombra, tapándome con la chaqueta de cuero de color rojo con su olor impregnado. Cerré los ojos durante un segundo y de repente noté que alguien me movía intentando despertarme.

— ¿Qué hace ésta estirada en la alfombra?  Preguntó Lil, aun teniendo los ojos cerrados pude notar la sonrisa en su cara.

Abrí lentamente el ojo derecho temiendo quedarme ciega con toda la luz que entraba por las ventanas totalmente abiertas de mi derecha y miré a Lil. Se estaba riendo con el ceño fruncido, como si el hecho de mirarme fijamente iba a darle las respuestas que quería. Me reí y me senté poco a poco.

— ¿Has dormido allí toda la noche? – Preguntó Alba, sorprendida y curiosa. Me miraba como si fuera un bicho raro. Le saqué la lengua y conseguí que se rieran las dos a la vez. Miré el reloj en mi muñeca, eran las 12 de la mañana. Mucho no he dormido, pero algo es algo.

— No toda la noche, solo he dormido tres horas. Estaba hablando con él – Contesté con voz ronca de dormir poco. Noté el color subir por mi cuello hasta mis pómulos con el simple hecho de pensar en él.

— ¡Si estás colorada! Te veo muy pillada, ¿tengo que recordarte que vive en Londres? – Aclaró Lil, mostrando un poco más de sentido común del que yo estaba acostumbrada. Miré fijamente la alfombra mientras jugaba con un hilo suelto.

— Tenías que tirarme un cubo con la cruda y fría realidad, ¿no? Dejarme soñar e ilusionarme por una vez era demasiado por lo que veo – Solté sin ánimos. Me levanté y empecé a doblar la manta que había usado de cobijo durante la noche. Me negué a mirar a ninguna de las dos, para que no vieran en mis ojos lo dolida que estaba por ese tema en concreto. No quiero que vean lo mucho que me afecta, porque me siento ridícula. Lo conozco de apenas un día y ¿ya estoy así? Suspiré. Esto no es bueno, me apego demasiado rápido, voy a salir sufriendo.

Una solitaria lágrima se resbaló por mi mejilla, cayendo finalmente sobre la alfombra silenciosamente. Limpié con el dorso de la mano el rastro que había dejado en mi mejilla antes de que ninguna de las dos lo viera. Respiré fondo y sacudí la cabeza intentando recobrar la compostura. ¿Qué me está pasando? No debería afectarme tanto, apenas lo conozco. Cerré los ojos resignada. Puede que al ser tan enamoradiza consiga que me hagan daño, pero no me arrepentiré nunca de hacer lo que hago. Porque hago lo que siento, nada más ni nada menos. Soy fiel a mí misma, y lo siento todo. No me paro a pensar si las cosas pudieran sede otra manera o no, simplemente actúo. Prefiero salir herida por intentar algo en lo que creía con toda mi alma que pasarme el resto de mi vida arrepintiéndome de ser cobarde y no intentar ser feliz a toda costa.Nunca me voy a arrepentir de hacer una cosa que me ha hecho feliz en algún momento. Porque la vida se basa en las cosas pequeñas, los pequeños momentos que nos marcan por el resto de nuestra existencia.

— Lo siento, no era mi intención herirte. Pero no quiero verte sufrir, eso es todo. Esto es complicado, y lo sabes aunque no quieras verlo. Esto no va a acabar bien – Se excusó ella, acercándose a mí por detrás. Apoyó la barbilla en mi hombro intentando mostrar apoyo aun después de golpearme con sus palabras.

— Lo sé, ¿pero sabes qué sé también? Que vive el Londres. No te creas que eres la única que lo tiene claro, créeme, lo tengo muy pero que muy claro – Solté, moviéndome cuidadosamente para no hacerle daño al apartar el hombro de debajo de su barbilla – Me voy a duchar antes de comer, ¿de acuerdo? – Añadí cogiendo la ropa que me iba a poner ese día y yéndome sin esperar una respuesta por su parte.

Me metí en la ducha como si me pesaran los huesos y tuviera los músculos adoloridos.No quiero estar así, deprimida porque el objeto de mi devoción está lejos. Tengo que disfrutar del tiempo que pueda pasar con él. Hoy no creo que lo vea, tiene una boda. No puede de repente escaparse, hay comidas, bailes, no puedo hacerle eso. Lo voy a ver el miércoles. Suspiré. Aunque me encantaría que al final pueda salir antes de hora y poder disfrutar de unas horas juntos.

Pasé las manos por mi pelo mojado, cerrando los ojos, pensando en él y sus caricias.Tiene que haber alguna manera de que esto funcione. Podría ir allí cada vez que pueda, y él podría venir aquí cada vez que tenga algo de tiempo libre. Pero yo soy de echar de menos. Me concentré en mi respiración e intenté relajarme con el agua caliente recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, dejándome entumecida por la calidez.

— ¿Te has convertido en sirena? o ¿te han secuestrado? – Oí a Lil chillar desde fuera, golpeando la puerta repetidamente. Suspiré y salí a coger la toalla al mismo tiempo que Lil abría la puerta del baño de par en par. Entró y cerró rápidamente, enviando una ráfaga de aire helado en mi dirección. Me tapé a la velocidad del rayo con la toalla para evitar congelarme, sin mirarla – Ya está lista la comida, ven rápido o se enfriará la carne – Añadió al ver que no tenía ninguna intención de contestar. Salió abriendo mucho la puerta de nuevo y cerrándola de un golpe segundos después. Solté todo el aire de mis pulmones y cogí aire, como si todo me costara el doble de esfuerzo que antes. Echo de menos hablar con él, debe estar durmiendo aún. Lo que daría por estar acurrucada en sus brazos durmiendo ahora mismo.

— ¡Ams! Está sonando tu teléfono, o lo coges tú o contesto yo – Gritó Alba desde la habitación de Lil. Salí disparada, aún con únicamente la toalla envolviendo mi cuerpo. Corrí por el pasillo casi resbalando con los pies mojados. Me cogí del marco de la puerta para no acabar en el suelo desplomada. Entré de un golpe y cogí mi móvil delsuelo con un solo movimiento. En la pantalla estaba escrito el nombre que quería ver desde que había vuelto de la discoteca: Alex.

— ¿Hola? – Contesté sin aliento, notaba una sonrisa apoderarse de mis facciones. Mi humor había cambiado de repente, como si hubieran apretado un interruptor. Él tiene ese poder sobre mí, puede cambiar mi humor en segundos. No deseo nada más que pasar tiempo con él. Solo con pensar en él ya me suben los colores, estoy colorada como un tomate porque noto el calor de mis mejillas. Las mariposas se han apoderado de mi estómago, aunque parecen plantas carnívoras.

— Buenos días, amor – Contestó la voz más maravillosa que había oído nunca.

martes, 4 de junio de 2013

Capítulo 3

— Tengo mucho calor, ¿Salimos fuera un rato? – Pregunté abanicándome la cara con la mano. Me miró divertido y me besó en el cuello repetidamente. Me encogí por las cosquillas y lo cogí de la mano. Nos arrastramos a través de la gente hasta la terraza. Cuando salimos el aire frío me relajó al instante, bajando la temperatura de mi cuerpo. Sentí que podía respirar mejor sin la acumulación de gente.
Nos quedamos de pie, moviéndonos lentamente y besándonos. No quiero que esta noche acabe por nada del mundo. ¿Por qué no me habré traído mi moto? Podría irme cuando quiera, sin tener que depender de Lil. No me voy a ir con él, si quiere verme tendremos que hacer planes. Porque sé que si me voy con él no me querré separar nunca y este fin de semana se supone que lo paso con mis amigas, no sería justo para ellas.
— ¿Cómo te gustan los chicos? – Me preguntó, sacándome de mis cavilaciones. Me reí y lo miré atentamente, fijándome en esos ojos increíbles. Coloqué las manos en sus mejillas y lo giré hacia la luz para observar el color de sus ojos. Eran de color azul verdoso muy claros, casi transparentes. Eran increíbles, me quedé embobada mirándole. Una sonrisa se dibujó en su cara y se acercó buscando mis labios. Los encontró sin esfuerzo alguno.
— Los chicos me gustan… a ver, no tengo un tipo concreto: ojos tal, color cual, y tal para cual, NO. Simplemente tengo debilidad por los ojos claros, mucha debilidad. Por los tuyos, aparentemente, aún más – Me miró avergonzado y rocé mi nariz con la suya cariñosamente – Ya te lo he dicho, lo primero en lo que me dijo es en los ojos y los claros me emboban, pero eso no significa que no me gusten los ojos oscuros. Una cualidad que me encanta en los chicos, y que tú tienes, es la modestia. No soporto a los creídos. Por eso me encantas, porque no tienes ni idea del efecto que tienes sobre mí. Luego me fijo en los brazos – Mientras hablaba, bajé mis manos de su cuello hasta sus brazos. ¡Dios! Sí que está fuerte. No es musculoso como el moscardón, eso era demasiado, él es perfecto. Tiene una bola bastante grande, y tiene los brazos grandes, justo como me gustan. Apreté mi agarre en sus brazos y me asombré de lo fuertes que eran. Me miraba con una sonrisa curiosa.
— ¿Y te gustan los míos? – Preguntó cauteloso, como si no supiera qué esperar de mi respuesta. Me puse a reír.
— Solo te voy a decir una cosa. Eres la definición de mi chico perfecto – Solté antes de pensar. Su sonrisa se agrandó tanto que estaba segura de que le dolía. Me besó con tantas ganas que tuvo que acogerme entre brazos porque perdí fuerza en las piernas. Nos reímos durante el beso y me mordió el labio inferior – Entonces – Añadí, bajando las manos por su espalda hasta llegar a su trasero. Coloqué las manos en los bolsillos traseros de sus pantalones – Me fijo en la parte de atrás, y por cierto, me encanta la tuya – Susurré contra sus labios. Antes de poder coger aire, ya tenía sus labios sobre los míos y sus manos resbalando por mis costados, dirigiéndose al mismo lugar que mis manos.
— A mí también me gusta tu parte de atrás, de hecho, toda tú. Eres increíble – Me susurró, pellizcando mi trasero. Salté sorprendida, y me puse a reír.
— ¿Y a ti cómo te gustan las chicas? – Pregunté cuando conseguí separar sus labios de los míos, con mucha dificultad, obviamente. Este hombre me hace suspirar por él, no puedo evitarlo, ¿cómo puede ser tan perfecto?
— A ver… Me gustan morenas, con los ojos pintados de azul – Me miró fijamente y colocó las manos en mis mejillas para observarme mejor. Suspiré y lo besé.
— Mentiroso – Contesté, empujándole el pecho ligeramente. No fue muy eficaz, ya que se apretó más contra mí, aunque lo que yo quería era estar más cerca… Entonces sí que fue eficaz – Cuéntame algo sobre ti – Añadí, mientras jugaba con el cuello de su camisa blanca. Hasta va bien vestido, no me había fijado hasta ahora. Lleva una camisa blanca y unos tejanos. Me encanta todo de él.
— Pues soy deportista… me gusta el Barça, el Piqué y la Shakira – Lo miré sorprendida y me aparté ligeramente. Levanté las cejas en su dirección.
— ¿No te gustaban morenas? Shakira es rubia – Solté, pareciendo una novia celosa. Por lo visto le gustó, porque sonrió como un niño pequeño consiguiendo un juguete nuevo. Me aparté más y lo miré falsamente enfadada. En realidad no estoy enfadada, pero quiero que lo piense. Quiero saber qué dice para excusarse, a ver si es tan bueno con las palabras ahora. Es un pequeño reto. Lo miré desafiante mientras se reía.
— No, es teñida – Soltó, sorprendiéndome. Esa no me la esperaba. Negué con la cabeza.
— No vas bien – Contesté rápidamente mientras se me escapaba una sonrisa, así que me giré para que no pudiera ver que en realidad me estaba riendo. Me miró con ojos de cachorro, lo vi por el rabillo del ojo, pero me negué a girarme. Noté sus labios sobre mi cuello, haciéndome cosquillas con la barba.
— No te preocupes, para mí solo hay una mujer y es morena morena, morenaza – Susurró en mi oído, consiguiendo que me encogiera de las cosquillas y del placer. Suspiré aliviada. Así mejor – Y no hay otra para mí, ni la habrá nunca, no después de haberte conocido. No puedo mirar a nadie más, no creo que exista una mujer más perfecta – concluyó, besándome con un cariño insuperable. Se me aguaron los ojos y tuve que separar nuestros labios para poder controlar mi respiración.
— ¿Podemos… Sentarnos? – Pregunté sin aliento. Me miró divertido y asintió. Vio un espacio donde podíamos sentarnos y me condujo hacia allí colocando un brazo en mi cintura.
Se sentó y me indicó que me sentara en su regazo, lo miré con las cejas levantadas sin moverme.
— Peso mucho – Contesté, intentando buscar algún lugar donde sentarme, pero estaba todo ocupado. No tenía más remedio que sentarme en su regazo. No es que no me guste, de hecho me encanta, pero no quiero aplastarlo. Solté una risita ante sus brazos extendidos y me senté cautelosamente. Noté su brazo en mi espalda y luego el otro debajo de mis rodillas. Entonces me acercó más a él, sorprendiéndome. Jadeé y me reí.
Coloqué mi brazo derecho alrededor de su cuello y soltó su agarre de mis piernas, pero no de mi espalda. La mano que había dejado libre la colocó en mi mejilla izquierda y me miró atentamente.
— Eres preciosa, tienes una carita… Estoy seguro de que saliste de casa sabiendo que ibas a ligar hoy. Porque con una mirada conseguirías a todos los chicos que te propusieras. Si no me hubieras visto o no me hubieras necesitado para salvarte de ese pelmazo, probablemente hubieras acabado con otro – Dijo, al cabo de un rato de silencio. Negué con la cabeza y lo besé tiernamente.
— No soy de esas. No soy de besarme con cualquiera, no voy a buscar líos. Soy una chica de relaciones estables, no me gusta la incertidumbre de saber si va enserio o no. Y estoy más que segura de que si no te hubiera visto o necesitado, me hubiera ido por el mismo lugar por el que me iré hoy, pero con una diferencia, con la cabeza completamente libre de chicos. Eso no va a pasar hoy, porque estás encerrado en mi mente y no creo que te pueda sacar muy fácilmente. Y no, no tenía pensando ligar esta noche, exageras muchísimo de nuevo – Confesé mirándolo directamente a los ojos. Me miró asombrado y me besó y besó y besó.
De repente, paró y miró hacia delante. Vi que había un grupo de dos o tres chicos mirándonos divertidos. Por la sonrisa en la cara de Alex, eran sus amigos. Les sonreí y les saludé con la mano.
— No quiero molestar, pero ¿Has visto al peluquero? – Preguntó el que estaba más cerca, haciendo un gesto con la mano, pasándosela por la cabeza como si se peinara con un cepillo. Nos miró curioso.
— No, no lo he visto. Estaba un poco MUY distraído – Contestó Alex, mirándome. Lo miré y le di un beso corto en los labios, sonriendo. Cuando me giré ya se habían ido.
— ¿Es calvo? El chico al que buscaba, digo – Me miró con los ojos muy abiertos. Me puse a reír por su expresión. Cuando pone esas caras de cachorro o de niño inocente no parece que tenga 25 años.
— Las pillas al vuelo, de nuevo. Me encantas, no dejas de sorprenderme – Susurró contra mis labios mientras se reía. Me hacía cosquillas con la barba. Me puse a reír tontamente y me aparté de sus labios – ¿Qué pasa? – Preguntó curioso y divertido, me miraba de tal manera que notaba como si me faltara poco para deshacerme en un charco en el suelo.
— Me haces cosquillas con la barba – Canturreé aún riéndome. Sonrió y rozó su mejilla con la mía, provocando risas de los dos.
— ¿Dónde exactamente te hago cosquillas? – Preguntó coqueto, mientras distribuía besos por mis hombros. Coloqué todo mi pelo largo sobre mi hombro izquierdo para que él tuviera todo mi cuello a su disposición. No desaprovechó ni un segundo y empezó a besarme el cuello cariñosamente, no me mordió ni una vez como había hecho yo repetidas veces. Que caballeroso.
— Me haces cosquillas aquí – Contesté con la respiración entrecortada, señalando coquetamente mis labios. Apartó sus labios de mi cuello para mirarme a la cara, sonrió y me besó los labios lentamente, haciendo bailar mis labios con los suyos. Como si tuviera la urgencia de demostrar que nuestros labios encajaban a la perfección y no debían pasar ni un segundo separados.
— Te comería a besos, enserio – Soltó con un suspiro retenido. Solté una carcajada y me apreté contra él abrazándolo.
— Y yo te dejaría, sin ninguna duda – Le susurré al oído, riéndome. Colocó la mano en mi pierna y con el pulgar iba acariciándola, provocando que mi piel quemara donde él me tocaba – Nunca dejaría de besarte, aunque me duelan los labios – Susurré. Me miró como si mirase a una diosa o algo parecido. Le tapé los ojos con una mano, riéndome. Se puso a reír y sin sacar mi mano de sus ojos buscó mis labios, encontrando mi nariz, mi mejilla y finalmente mis labios. Nos reímos y aparté mi mano de sus ojos mientras me besaba.
— ¿Qué es esto? – Preguntó mientras jugaba con la cadena de mi cuello. Sus dedos rozaban la base de mi garganta, provocándome escalofríos.
— Llevo tres colgantes, uno de ellos es el símbolo budista que significa todo y nada, me lo regaló mi tía estas navidades – Contesté mientras tocaba el símbolo plateado con una sonrisa – La piedra azul cielo es una Aguamarina de Tailandia, también regalo de mi tía, pero esta vez por mi cumpleaños y el último – Continué, pero me cortó a media frase.
— Deja que adivine, de tu comunión, con tu nombre escrito por delante y… detrás… A ver, ¿la fecha y el nombre de tus padres? – Preguntó, mirando el colgante dorado rectangular. Negué con la cabeza y le di la vuelta.
— Sí, de mi comunión, con mi nombre grabado como has podido ver, pero detrás está el nombre de mis tíos – Sonreí, y él me miró soñadoramente. Nadie me había mirado como me mira él, es indescriptible. No puedo evitar la necesidad de besarlo en todo momento. Tenemos una conexión impresionante, nunca me había sentido tan cómoda con nadie antes. Es como si pudiera ver en mi interior y le gustara lo que viera. Es magnético.
— Si te quito tu cadena, ¿Te vendrías conmigo a… – Empezó la frase y negué rápidamente con la cabeza antes de que acabara la frase, pero oí una voz familiar y me giré.
— ¡Amelia! Estábamos histéricas, pensábamos que ese moscardón te había secuestrado, que susto nos has dado – Gritaron Lil y Alba, acercándose a nosotros y mirando a Alex con curiosidad. Me puse a reír y les sonreí. Me había olvidado de avisarlas, estaba un poco MUY distraída, como comentó Alex con sus amigos.
De hecho, sí que he sido secuestrada, por este guapísimo hombre de aquí – Contesté sonriendo, mientras señalaba a Alex con una mano. Se pusieron a reír pero miraron con más curiosidad aún – Él me ha salvado del moscardón, llamó al de seguridad y lo sacó de aquí. Estamos a salvo, ya podéis relajaros – Continué para saciar su curiosidad. En realidad, este hombre ha hecho algo más que salvarme. Me ha convertido en una idiota, no puedo evitar querer pasar cada segundo con él. Tengo la impresión de que voy a acabar enamorada.
— ¿Sí? Qué suerte, gracias de verdad. Cuando vi que se acercaba directo a nosotras tres me entró el pánico y no supe reaccionar. Suerte que te tenemos aquí siempre para defendernos, me has salvado de bastantes situaciones ya. Te debemos una grande, Ams – Contestó Lil, aliviada. Le sonreí y noté que el agarre de Alex se intensificaba. Supongo que le ha gustado que defendiera a mis amigas, a mí me ha gustado que me defendiera a mí – Ahora que pienso. Él te ha salvado de un moscardón, y para ti es guapo, Ams, ¿Has hecho realidad tu fantasía de todos los tiempos? – Añadió Lil acordándose de repente. Mierda… Espera, ¿qué ha querido decir con que para mí es guapo? Es increíblemente guapo, para mí y para cualquiera.
Le envié una mirada asesina y noté el color subir por mis mejillas y aumentar la temperatura de mi cuerpo. Me negué a mirar a Alex a la cara mientras Lil se reía a carcajadas al darse cuenta de que no se lo había contado. ¡Claro que no se lo he contado! Si nos hemos pasado el tiempo besándonos. Sí, hemos hablado de nosotros, pero no ha salido el tema de mi fantasía hecha realidad. Ni esperaba que saliera, si soy sincera.
Como no dije nada, Alex dio un pequeño apretón con la mano en mi pierna. Seguí sin girarme, entonces me giró él con el brazo que tenía en mi espalda, moviéndome para que lo enfrentara. Nonono, que vergüenza. Son mis fantasías, no tiene que saberlas.
— Ams, ¿De qué está hablando? – Preguntó, mirándome divertido, sin saber qué esperar. Suspiré, mejor soltarlo cuanto antes.
— Verás… Siempre he tenido una fantasía. Ir a una discoteca y cuando me molestara algún moscardón, pedirle ayuda a un chico guapo. Es la excusa perfecta para que se acerque sin necesidad de hacerme la coqueta, ni decir nada apenas. Y hoy ha pasado, un chico guapo me ha salvado de un moscardón – Le expliqué, mirando hacia otra parte. Se puso a reír y le golpeé el hombro. Eso solo consiguió que se riera aún más – Me lo estás poniendo peor, ya me daba vergüenza que lo supieras… Si encima te pones a reír en mi cara me mortifica aún más – Solté tapándome la cara.
— Ni te atrevas a tener vergüenza. La verdad es que yo también tengo una fantasía y trata sobre encontrar a la mujer de mi vida. Y esta noche también se ha hecho realidad. Ahora tengo que dejar de llamarla mujer de mi vida, tendré que llamarla por su nombre, Amelia – Contestó quitándome las manos de la cara y mirándome fijamente a los ojos. No podía creerme lo que estaba diciendo. Me quedé boquiabierta, sin saber qué contestar – ¿Demasiado empalagoso? O ¿demasiado peliculero? – Preguntó intentando conseguir una respuesta por mi parte. Solté una risa y lo besé con todas mis fuerzas. Le mordí el labio inferior y me aparté.
— Un poco pomposo, sí – Contesté cuando recuperé el aliento – Pero me encanta – Añadí riéndome al ver la falsa cara de pánico que puso.
— Es que miro muchas películas de estas pomposas – Respondió riéndose, y yo me reí más, negando con la cabeza.
— Pero, ¿De verdad crees lo de la mujer de tu vida? No soy para tanto, ¿No me estarás idealizando? – Pregunté, mirando mi regazo. Con una mano en mi barbilla subió mi cabeza hasta que sus ojos podían traspasarme con la mirada sin dificultad. Su mirada lo decía todo, era como si me estuviera hablando. No necesitaba que ningunos otros ojos me mirasen, no si tenía a estos tan increíbles robándome el aliento de tal manera. Jadeé.
— ¿Perdona? Eres preciosa, lista, impredecible en el buen sentido, graciosa, cariñosa, y muchas más cosas que me faltan por descubrir. No puedo esperar a saber más sobre ti. Eres una adicción, cada cosa que aprendo me engancha más a ti. Al principio fue tu sonrisa la que me enganchó, luego tu risa, entonces tus besos, y ya llegó tu preciosa e indiscutible personalidad. Eres buena, auténtica y me encanta que me sorprendas con cada cosa que haces. Eres mi mujer perfecta. No me separaría nunca de ti, créeme, nunca – Dijo la última frase con tristeza, cosa que no entendí. No creo que pueda apartarme de él ahora mismo, no sé por qué ha sonado tan abatido cuando lo ha dicho – Entonces, por eso es por lo que esto me parece un sueño, porque te veo a ti y pienso que eres de lo más alto, y me veo a mí y veo que soy de lo más bajo. Y me sigo preguntando qué viste en mí – Añadió, mirando hacia otra parte, avergonzado. ¿Cómo? ¿Qué él es de lo más bajo? ¿Pero este hombre tiene espejos en su casa? No podría ser más perfecto.
— Eres tonto. ¿Tú te has visto? Eres espectacular, eres guapo, nada creído. Eres bueno, y auténtico. Porque si no fueras auténtico no habrías soltado esa frase pomposa, te la hubieras guardado para ti mismo. Lo primero que me llamó la atención de ti fueron los ojos, solo verlos fue magnético. Tenía que conocerte, y cuando me miraste fue increíble, veías a través de mí. Entonces me sonreíste, y ya caí rendida. Pero eso no es todo, cuando hablaste con esa voz sexy y me besaste con esos labios increíbles – Contesté mientras pasaba mi pulgar por sus labios – Me fui dando cuenta de la suerte que he tenido de encontrarte. ¿Sabes lo difícil que es encontrar a tíos como tú? No eres nada creído y eso es lo que me gusta más de ti, entonces entra tu personalidad. Eres bastante impredecible también, tengo que admitir, eres bueno y muy cariñoso. Eres el tío perfecto, tímido. Sé que no nos conocemos desde hace mucho, pero siento como si te conociera desde siempre. Sé que tendremos algunos defectos que no conocemos el uno del otro, pero eso es fácil de averiguar – Seguí, mirando a través de esos ojos hasta el fondo de sus sentimientos.
— Increíble, me dejas muerto – Se aclaró la garganta, intentando recobrar la compostura – Ya que tú has sacado el tema, ¿Cuáles son tus defectos? – Preguntó, riéndose. No podría ponérmelo más difícil ni queriendo.
— Pregunta difícil, déjame pensar… Soy muy cabezona, cuando se me mete algo en la cabeza es muy difícil sacarme la idea. Pero eso en cuanto a chicos es bueno, si se me mete en la cabeza un chico no hay manera de sacármelo, no fácilmente. Ahora que pienso, es malo en según qué ocasiones. Soy muy despistada, y torpe. Suelo intentar ayudar a los demás antes que a mí misma, no me gusta que la gente se preocupe así que embotello mis sentimientos intentando evadirme de ellos. Eso suele acabar mal, porque exploto cuando menos me lo espero y lo paso muy mal. No me gusta nada llorar porque siento que si empiezo no voy a ser capaz de parar. Y soy un poco perezosa, suelo dejar las cosas para último momento – Confesé, mirándolo a los ojos. Me miró con los ojos muy abiertos, como si no se creyera que acababa de soltar mi personalidad entera en unas frases.
— Sueles dejar las cosas para último momento… A mí no me has dejado para último momento, ¿Y eso por qué? – Soltó orgulloso de haberlo notado por sí mismo. Sonreí y le acaricié la mejilla, notando la barba rozar contra la yema de mis dedos.
— Será que eres mi excepción – Solté sin pensar, y juzgando por la sonrisa que se formó en su cara, lo había vuelto a sorprender. Me besó, encerrando mi labio inferior entre los suyos.
— Excepción… Me gusta esa palabra – Contestó mientras me daba otro beso, entonces paró y me miró.
— ¿Y tus virtudes? – Preguntó curioso, acariciando mi espalda cariñosamente. No quiero salir de entre sus brazos nunca.
— Pues… Peor me lo pones. Tengo mucha paciencia, puedo repetir las cosas mil veces si es necesario hasta que me salgan, en eso interviene mucho mi cabezonería. Soy buena escuchando, porque prefiero ayudar a los demás en vez de enfrentarme a mis propios problemas. Soy buena, como has dicho, haría lo que fuera por mi familia y amigos, siempre que necesitan algo soy la primera en ofrecerme a ayudar. Soy generosa, no necesito muchas cosas para ser feliz, con poco me conformo. No soy materialista, prefiero el calor de las personas. Me encanta leer, eso lo considero una virtud. Al leer tanto, tengo memoria fotográfica, muy útil a la hora de estudiar. Soy modesta y tengo la autoestima baja – Me miró con los ojos muy grandes, sorprendido – no me mires así, yo lo considero una virtud. A nadie le gusta una chica que vaya alardeando de lo guapa que es, ¿O sí? – confesé pensativamente. Él negó con la cabeza, asombrado con mis palabras.
— Me encantas, simplemente – Contestó mientras me daba besos en el cuello, consiguiendo una risa tonta por mi parte.
— El cuello es tu punto débil, ¿Verdad? – Asentí con la cabeza, sin confiar en mi voz – ¿Y tú oreja? – Preguntó ladeando la cabeza, respiré entrecortadamente.
— No lo sé, tendrás que averiguarlo por ti mismo – Contesté con voz temblorosa, riéndome.
Empezó a darme besos por el cuello hasta llegar a mi oreja. Me mordió el lóbulo de la oreja y entonces no pude más, me encogí con carcajadas, notando la piel de gallina por todo el cuerpo.
— Decidido, la oreja – Susurró en mi oreja, provocando escalofríos de nuevo. Nos reímos como dos tontos durante un rato – Dame tu teléfono, por favor – Me rogó, poniendo los ojos de cachorrito que tanto me gustaban. Suspiré y cogí su teléfono, que él había sacado rápidamente de su bolsillo. Puse mi teléfono y se lo entregué rápidamente antes de arrepentirme. Me besó y noté su sonrisa contra mis labios, y mi sonrisa salió sin avisar. Me tiene completamente.
— Sigues sin tener mi Facebook – Le recordé, sintiéndome malvada. Miró a nuestro alrededor desesperadamente. Me reí sola mientras miraba con él, vi a Lil bailar con un hombre bastante mayor que ella y la llamé.
— ¡Lil! – Grité por encima de la música para que me oyera, afortunadamente se giró a la primera, sin necesidad de gritar de nuevo. Le sonreí y no dije nada más, para que con la curiosidad de saber qué tenía que decirle se acercara. Exactamente, se acercó, dejando esperando al hombre.
— ¿Qué quieres? – Me preguntó, cruzándose de brazos delante de nosotros. No pude evitar soltar una carcajada.
— ¿Has visto al fotógrafo? – Le pregunté mientras miraba entre la gente. Pero sentada en el regazo de Alex, no podía ver nada.
— Está en la barra, id a ver. Ahora, si me disculpas… – Respondió antes de irse. Me puse a reír de nuevo. Me levanté poco a poco para no marearme y me di cuenta de que tenía las piernas ligeramente dormidas. Si yo tengo las piernas dormidas, no quiero saber cómo las tiene él. Lo miré para darme cuenta de que me estaba mirando a mí, como si tuviera miedo de pestañear y darse cuenta de que era un sueño. Yo me sentía igual. Siento como si estuviera drogada o dormida, como si esto fuera un sueño.
Me bajé la camiseta, que al estar sentada se me había subido. Al ser más grande, se me veía el sujetador fucsia. Vi a Alex por el rabillo del ojo observar justamente eso y me reí. Se acercó y me subió la camiseta para que se no se me viera el sujetador, rozando ligeramente mi pecho con los dedos, provocándome piel de gallina por los brazos y el pecho.
— ¿Por qué me tapas? – Le pregunté inocentemente, mirándolo a los ojos.
— Porque eres mía, y no quiero que ningún otro hombre te mire – Contestó serio. Me puse a reír y me acerqué a él.
— ¿Tuya? ¿Desde cuándo? – Pregunté, fingiendo alarma. Colocó las manos en mis caderas y colocó nuestras frentes juntas. Su era respiración igual de inestable que la mía.
— Desde que he descubierto que soy tuyo, completamente – Susurró contra mis labios. Notaba su respiración entrecortada y mi única reacción fue besarlo – Necesito verte fuera de aquí. ¿Esta semana podemos vernos? – Preguntó, con tono desesperado. Asentí con la cabeza incapaz de hacer otro movimiento.
— El miércoles, podrías pasarme a buscar por la universidad, es la Autónoma. Es fácil llegar, no tiene mucho misterio – Contesté, aún trastocada por sus palabras. ¿Cómo se lo hace para decir siempre lo correcto en el momento adecuado? No lo entiendo. Me derrito con sus palabras, y me fundo con sus caricias.
Hecho, el miércoles serás mía – Susurró aliviado. ¿Se esperaba un no por mi parte? Ahora mismo me sería imposible decirle que no. Suerte que no me ha ofrecido irme con él – ¿Dónde está el fotógrafo? – Preguntó, sacándome de mi mundo. Me encogí de hombros y me giré para entrar. Cuando di un paso, noté su mano coger la mía con fuerza – No te separes, no quiero perderte – Dijo, cuando me giré a mirarlo. Cogí sus manos y las coloqué en mi cintura, apretando mi espalda contra su pecho. Noté que su pecho descendía, como si hubiera estado sosteniendo un suspiro. Me necesita tanto como yo lo necesito a él, lo noto.
Entramos en la discoteca y vimos al fotógrafo haciendo fotos a las personas que se ponían en la barra. Nos colocamos al lado de un grupo de chicos que se estaban haciendo una foto. Cuando hubo acabado, le llamamos la atención y Alex colocó nuestras cabezas muy juntas. Sonreímos y nos cegamos por el flash.
— El lunes, cuando cuelguen las fotos, me etiquetaré y entonces podrás encontrarme – Dije, apoyando mi espalda en la barra y colocando el tacón de los zapatos en un tubo del suelo que estaba sujetado a la pared de la barra. Al subir en el tubo, fui un poco más alta que Alex. Aprovechó para abrazarme y colocar su cabeza en mi pecho. Me reí tontamente.
— De hecho, yo tengo que contarte algo… – Empezó a decir él, pero apareció Lil de repente.
— Ams, nos vamos. Te quiero en 5 minutos fuera – Soltó antes de irse de repente otra vez. Mierda, no quiero separarme de él. Miré el reloj, las 6 de la mañana. Lo miré triste y me respondió con la misma desesperación.
— Bájame, que no puedo, por favor – Le supliqué. Me rodeó con sus fuertes brazos y me levantó lo suficiente para que mis zapatos se desengancharan del tubo y estuve durante unos segundos en el aire. Rodeé su cuello con los brazos y lo besé con toda la desesperación que sentía en ese momento. Nos besamos durante lo que parecieron horas, miré mi reloj y vi que eran las 6:30. Mierda. Tengo que irme ya – Me tengo que ir, ya – Susurré contra sus labios. Nos dimos mil y un besos más intentando despedirnos y no podía separarme por nada del mundo. Rápido, como cuando te quitas una tirita. Me separé de él y lo besé profundamente antes de girarme.
— Te echaré de menos, mi príncipe Azul – Le grité mientras me alejaba. Esto es más doloroso de lo que me esperaba. Tengo el corazón peligrosamente acelerado, y no sé cómo calmarlo. En realidad sí lo sé, estando con él.
— Pero tengo que contarte una cosa – Gritó Alex a mis espaldas. No me giré, resistiendo a la tentación y salí fuera con la respiración entrecortada. Miré por toda la terraza durante 10 minutos pero no las vi en ningún lado. ¿Habrán entrado? Será mejor que mire dentro. He tardado mucho y seguramente se han cansado de esperar, no las culpo. Deben estar muy enfadadas. Al entrar de nuevo, no pude resistirme a buscarlo a él de nuevo. Es más probable que con tanta gente vea antes a dos locas bailando que no a un tío concreto. Así que mejor me lo saco de la cabeza y las busco a ellas.
Miré a través de la multitud y crucé por la mitad, miré a derecha e izquierda buscándolas. De repente, a mi izquierda en diagonal vi una camisa blanca. Es él. Lo reconocería a quilómetros, es su espalda. Es más grande de lo que me había dado cuenta. Caminé en esa dirección y coloqué mis manos en sus ojos intentando sorprenderlo. Se giró de repente y sus ojos increíbles me atravesaron, la sonrisa que se formó en su cara no tiene nombre. Di un paso, cerrando la distancia que nos separaba, y lo besé sin importarme sus amigos observándonos y riéndose.
— ¿Qué haces aquí? – Me preguntó con voz sexy y desesperada. Le sonreí.
— No las encuentro – Me quejé, mirando alrededor. Pensativo, me rodeó con sus brazos.
— ¿Ves? Es el destino, era más probable que las encontraras a ellas, que no a mí de nuevo. Estamos destinados – Susurró en mi oído, haciéndome reír – Yo te ayudaré a buscarlas – Añadió. Nos separamos de su grupo de amigos y nos dirigimos a buscarlas por la discoteca. Entonces se me ocurrió. Sea donde sea que estén, tienen que acabar yendo al guardarropa. Yo no puedo sacar mis cosas sin el comprobante que tiene Lil, así que tengo que esperarlas.
— Vamos al guardarropa, tienen que acabar yendo allí – Grité sobre la música. Asintió con la cabeza y allí nos dirigimos. No las vimos en la cola y se apoyó en la pared, al lado de la puerta del baño. Estábamos lo suficientemente cerca para verlas si aparecían. Me atrajo hacia él y empezó a besarme. ¿Cómo he podido encontrar a un hombre de 25 años tan perfecto? 25… Es un poco mayor, pero no demasiado. Nos llevamos 6 años, podría ser peor.
— Tienes suerte de que me gusten grandes – Le susurré mientras lo abrazaba. Se rio, claramente pillado por sorpresa por mi pregunta.
— Y tú de que me gusten jovencitas – Añadió, rozando su nariz con la mía. Sonreí ampliamente, antes de besarlo.
— ¡Aquí estás! Dios mío, llegué a pensar que no te veríamos más. Estabas desaparecida, te hemos buscado por todas partes – Gritó Lil con Alba a su lado, mirándome divertida. Me puse a reír, aliviada de encontrarlas.
— Salí fuera, pero no estabais así que volví a entrar, y como sabía que teníais que venir al guardarropa por fuerza, decidí esperaros aquí – Le contesté, riéndome. Apoyé mi espalda en el pecho de Alex cuando noté sus manos buscar mi cintura, como si no soportara pasar mucho rato apartado de mí. Suspiré entre sus brazos, sin querer apartarme nunca.
Nos colocamos en la cola para recoger nuestras cosas y Lil me tendió mi comprobante con mirada seria. Le puse ojos de cordero degollado y conseguí que se riera. Mientras esperábamos a que fuera nuestro turno Alex y yo nos besábamos, consiguiendo repetidas quejas por parte de Lil y Alba.
— ¿Tienes alguna otra debilidad? Aparte de la oreja y los ojos claros – Me susurró en el oído, Alex. Me giré para enfrentarlo y puse mis manos en su cuello, mirando su camisa.
— Que me llamen Princesa – Confesé, ruborizándome. Noté que me levantaba la cabeza con la mano y acunaba mi mejilla con la otra. Me acercó a él y me besó.
— Mi Princesa – Susurró contra mis labios, provocando que me estremeciera. Con su voz sexy ha hecho que mi adicción sea el doble de fuerte. Jadeé y lo besé aún más fuerte, mordiendo su labio inferior.
— Una pregunta – Levanté la cabeza de repente. Asintió rápidamente mientras enredaba sus manos en mi pelo – ¿Fumas? – Le pregunté cautelosa. No soporto que fumen, no me gusta nada. El olor queda siempre impregnado en la ropa, ¡Y en el pelo!
— No, no fumo y apenas bebo. ¿Tú fumas? – Me preguntó, ladeando la cabeza. Negué con la cabeza efusivamente, encantada con su respuesta.
— No, nunca he fumado y no creo que fume nunca. No lo soporto, me encanta que no fumes. No bebo, no puedo. Soy diabética – Canté, emocionada. De repente, oímos la canción que sonaba de fondo. Comentaba algo sobre la playa.
— ¿Te vendrías conmigo a la playa alguna vez? – Preguntó divertido. Hice una pequeña mueca con los labios y él abrió mucho los ojos.
— Por ti iría hasta el fin del mundo – Contesté, mirándolo fijamente a los ojos. Jadeó, sorprendido y me dio un beso pequeño en los labios y seguidamente me dio otro y otro.
Abrió la boca, como si fuera a decir algo, pero alguien le interrumpió.
— Ams, te toca, coge tu chaqueta que nos vamos – Me gritó al oído Lil.
— De acuerdo, de acuerdo, lo he entendido. No hacía falta que me dejaras sorda, gracias – Contesté, molesta. Miré de nuevo a Alex, que tenía una expresión de derrota en la cara. Le acaricié las mejillas cariñosamente.
— Te acompaño fuera – Me dijo, caballerosamente – Voy a echarte de menos, mucho – Susurró en mi oído mientras caminábamos a través de la masa de gente. Suspiré.
— Yo también, no te olvides de mí – Contesté sobre mi hombro.
— Mentirosa. Y es humanamente imposible olvidarse de ti, que lo sepas – Contestó, acercándome a él cuando nos acercamos a la salida hacia la terraza. Salimos fuera y me giré hacia la puerta de salida.
— Espera, tengo que decirte una cosa. Siento no habértelo contado antes, pero no he podido. He estado en estado de negación – Soltó de repente, girándome. Lo miré sorprendida. ¿De qué está hablando? Empecé a ponerme nerviosa, y cada segundo que pasaba era peor.
— Suéltalo, me estás poniendo nerviosa. ¿Qué me has estado ocultando? – Le pregunté cautelosa, insegura de lo que iba a responder. ¿Y si no quiero saberlo? A lo mejor es malo. No sé qué esperar. Ni siquiera me está mirando. Coloqué mis manos a ambos lados de su cara y lo besé – habla – Añadí, esta vez más seria, frunciendo el ceño. Respiró hondo y lo soltó.

— Vivo en Londres.

viernes, 31 de mayo de 2013

Capítulo 2


Sus brazos me rodearon en cuestión de microsegundos y me sentí segura al instante. Después de la desagradable sensación dejada por el moscardón, la suavidad de su abrazo era un soplo de aire fresco. Con una mano me acariciaba la espalda, como si me estuviera intentando calmar. Suerte que lo he encontrado y me ha entendido. Sino no sé qué me podría haber hecho ese hombre. Al menos no se ha acercado a mis amigas y por eso ya estoy satisfecha. Solté un largo suspiro.
— ¿Estás bien? – Preguntó con tono preocupado mientras colocaba una mano acunando mi mejilla y me acariciaba el pómulo con el dedo pulgar, cariñosamente. Ladeé mi cabeza hacia su mano, disfrutando de la sensación de hormigueo en la piel donde él me tocaba. Miré esos ojos claros, los más bonitos que había visto nunca, que transparentaban a la perfección todas las emociones que él experimentaba. Está preocupado por mí, que tierno. Acabo de conocerlo y siento una conexión innegable entre nosotros. Es como si… No, no voy a seguir el rollo de mi madre. Es casualidad, nos hemos conocido por casualidad, no existe tal cosa como el destino. El destino me lo construyo yo misma. No quiero creer que haga lo que haga, todo está previamente planeado. ¿Entonces qué sentido tiene el hecho de tomar decisiones? Mejor le contesto a la pregunta antes de que se preocupe más. Pero, ¿Por qué tengo esta sensación de vacío si pienso en que se apartará de mí una vez sepa que estoy bien?
— Estoy bien, gracias a ti. Ese moscardón podría haberme raptado sin ningún problema – Suspiré, pero logré forzar una sonrisa a la superficie para que no descubriera lo verdaderamente asustada que estaba. La sensación de perder el control de tal manera era escalofriante. Apenas podía moverme. Ante el recuerdo me apreté más contra él.
— No entiendo qué hacías con ese hombre. ¿Puedes explicarme qué ha pasado? – Me miró directamente a los ojos, provocando que notara mis piernas flaquear. Respiré hondo.
— Se acercó a mis amigas, y no iba a permitirlo por nada del mundo. Así que hice lo que me pareció más razonable. Preferí que me molestara a mí que a mis amigas, no hay más – Contesté, perdiéndome en la profundidad de sus increíbles ojos.
— Ya veo, he encontrado a una chica noble que se sacrifica por sus amigas, increíble. Quedan pocas como tú en el mundo, no te me vas a escapar – Su sonrisa me devolvió toda la fuerza que creía haber perdido y no pude evitar responder con una sonrisa igual de amplia. Parece que no va a irse en cuanto sepa que estoy bien, quiero que se quede conmigo, siempre.
— Te ha costado acercarte a mí, ya era hora – Solté con una risa mientras lo acusaba con la mirada. Me miró sorprendido y se puso a reír.
— Lo que pasa, sabelotodo, es que me daba vergüenza. Al principio no pensaba ni que me estuvieras mirando a mí, y luego no entendía nada de lo que intentabas decirme – Contestó intentando defenderse, yo simplemente me reí en respuesta. ¿Vergüenza? ¿He encontrado a uno de los pocos hombres que quedan que son de verdad tímidos? Y no tiene pinta de creído, al contrario. Interesante.
— ¿No pensabas que te miraba a ti? Si lo último que he hecho ha sido disimular – Agregué con una carcajada, totalmente extasiada al encontrar al fin un hombre íntegro que valiera la pena conocer. Él negó con la cabeza, cerrando ligeramente los ojos. Entonces pude ver su mandíbula marcada como el límite de un acantilado, perfectamente moldeada. La barba incipiente color rubio oscuro lo hacía más sexy de lo que seguramente él se creía. Suspiré soñadoramente.
— ¿Cómo te llamas? – Me susurró en el oído, rozando su barba en mi mejilla haciéndome cosquillas. Me reí. Ni siquiera nos habíamos dicho nuestros nombres y estábamos hablando como si nos conociéramos de toda la vida. Lo que más me gusta de él es el hecho de ser tan natural, no tengo que pensarme qué decir o qué hacer cuando estoy a su alrededor.
— Amelia, ¿y tú? – Contesté en su oído, rozando suavemente mis labios con su mejilla aparentemente sin querer. Sonreí cuando reaccionó exactamente como quería que lo hiciera. Se giró hacia mí, enfrentándome y mirándome de los ojos a los labios por turnos.  
— Alex – Respondió entrecortadamente mientras miraba fijamente mis labios. Yo miraba fijamente a los suyos, deliciosamente carnosos, mientras me mordía el labio inferior, nerviosa. ¿Va a besarme? Si lo hace, me voy a deshacer.
Me dio un beso en la mejilla despacio, y giramos la cara a la vez y el segundo beso nos lo dimos en la comisura de la boca, noté la electricidad pasar a través de mis labios. Deseaba besarlo con todas mis fuerzas y noté que el sentimiento era mutuo.
Apreté mi agarre en su cuello, colocando una mano en su nuca. Entendió la señal y se acercó más a mí, poco a poco. Sonreí y, cuando estaba a punto de cerrar los ojos, vi una sonrisa grande como el sol formarse en su cara. Sus labios rozaron los míos con delicadeza y nuestros cuerpos reaccionaron al unísono. Me apretó contra él con las manos recorriéndome la espalda y yo le acaricié el pelo corto. Nuestras bocas bailaban juntas, como lo hacían nuestros cuerpos, al ritmo de la música. Me sentía en un hechizo, no podía apartarme de él. ¿Es correcto sentirme tan conectada con él si acabo de conocerlo? Nuestros besos destilaban deseo y una confianza que parecía innata, daba la impresión de ser algo real y no un rollo de una noche de discoteca. Solo espero que esto sea serio, a mí no me van los rollos de una noche.
— ¿Cuántos años tienes? – Preguntó con la respiración desigual, apartándose un momento de mis labios. Pasé la lengua por mis labios, notando el sabor de sus besos impregnado en ellos. No creo que pueda olvidar la sensación de sus labios sobre los míos, nunca. Ni la suavidad de sus caricias o el brillo de sus ojos.
— 19, ¿tú? – Contesté con un hilo de voz, resultado de estar bajo los efectos de sus increíbles besos. Sonrió, claramente sorprendido. No se esperaba ese número. Me miró con cara de preocupación.
— Pues yo tengo 32 – Contestó con una risa. Negué con la cabeza apartándome de él al instante. Me tapé la boca con las manos inconscientemente. Nononononono repetía en mi cabeza. Se puso a reír y me acercó de nuevo a él con mirada tierna.
— Ven aquí, relájate, es broma. No tengo 32, tengo 25 – Agregó, riéndose ante mi cara de susto. Me relajé al instante, permitiéndole que me acercara a él de nuevo. Volví a colocar mis brazos en su cuello y lo besé pasionalmente. Sus manos viajaron por mi cuerpo, gentilmente.
— Has hecho la broma para que cuando dijeras tu verdadera edad no me asustara tanto, ¿verdad? – Lo miré, sospechando. Me miró sorprendido de nuevo y se puso a reír.
— Chica lista, no hay muchas como tú la verdad. En realidad, no hay ninguna como tú. Eres especial, ¿Lo sabías? – Me miró durante unos segundos, como si fuera un gran trofeo y él supiera que tenía que ganárselo. Su mirada contrastaba con la mirada del moscardón, porque ese me miraba como si fuera un premio ganado y éste, como si supiera que no va a conseguir que me enamore de él con poca cosa. Aunque podría pillarme por él ahora mismo, porque es bastante perfecto hasta ahora.
Rocé mi nariz con la suya cariñosamente y nos pusimos a reír al instante. Su risa era melódica y contagiosa, se colaba dentro de mi sistema y me hacía temblar. Tengo un nuevo sonido favorito.
— ¿Qué estudias? – Preguntó con sincera curiosidad. Parece que quiere saberlo todo de mí, pues yo también quiero saberlo todo de él. Me encanta que él dé el primer paso siempre, es él el que hace las preguntas. Y lo más cómodo es que nada es incómodo, es decir, nada está forzado, todo sale natural.
— Estoy estudiando una doble ingeniería, Telecomunicaciones e Informática, estoy en mi primer año de universidad – Contesté orgullosa, ganándome una mirada de admiración que subía la moral. Me encanta sorprenderlo, es tan fácil.
— Wow, esa no me la esperaba, ni mucho menos. Yo soy cocinero – Respondió con un brillo especial en los ojos. Es guapo, poco creído, tímido, bueno besando, trabaja, es cariñoso, ¿Qué más podría pedir? Es perfecto.
— Me encanta, podrás cocinar para mí entonces, mmm sexy – Contesté emocionada, ganándome una risa despreocupada y de nuevo, sorprendida, por su parte. Me encanta ser imprevisible y dejarlo con la boca abierta, y ni siquiera me cuesta trabajo, me sale natural. Estoy cómoda a su alrededor, puedo decir lo que me pasa por la cabeza en cada momento sin preocuparme. Puedo ver que el mismo efecto que tiene sobre mí, lo tengo yo sobre él. Simplemente lo sé, por la forma en la que me mira, o cómo sus brazos acunan con cuidado mi cuerpo como si fuera un bien muy preciado y pudiera romperme.
— Siempre que quiera mi señora – Dijo caballerosamente, ganándose una risa sorprendida, ahora por mi parte. Ladeó la cabeza, pensativamente, mientras me miraba con atención, claramente pensando en algo más. Levanté las cejas en una pregunta silenciosa.
— Ams, ¿Crees en el destino? – Preguntó, tomándome por sorpresa totalmente. Me gustó que creara su propio diminutivo de mi nombre con tanta facilidad y naturalidad. No me esperaba tal pregunta. Los chicos normalmente no dicen estas cosas, simplemente si se lo pasan bien luego desaparecen para no comprometerse. Pero no sé por qué, pero tengo la sensación de que él no es de ese estilo, él parece ser de los que se comprometen. Pero tampoco debería hacerme demasiada ilusiones, ¿Y si no sale bien? Pero… No puedo evitarlo, necesito conocer más sobre él.
— No realmente, pero me estás haciendo cuestionarme todo lo que yo tenía interiorizado sin ningún problema. No me gusta – Contesté al cabo de unos segundos, dejándole claro que me había pillado con la guardia baja. Su sonrisa se incrementó con mi respuesta, claramente satisfecho con ésta.
— Pues yo creo en el destino, y creo que ha sido el destino el que nos ha unido – Soltó, mientras me acariciaba el brazo y me daba un beso en el cuello. Me aparté instintivamente ante el roce de sus labios cálidos en mi cuello, me causó escalofríos. Es mi puto débil, ha tardado poco en descubrirlo. Sonrió y lo volvió a hacer, esa vez no me aparté sino que cerré los ojos y disfruté de la sensación que me provocaba.
— Me quitas el aliento – Susurró en mi cuello, haciéndome cosquillas. Me reí nerviosamente y le mordí el cuello, dejando una marca.
— Tú me pones la piel de gallina – Susurré en su cuello, consiguiendo un beso en el hombro.
Lo abracé, apretándome contra él. Me rodeó más con los brazos y no me soltó, bailábamos a nuestro ritmo sin hacer caso de la música que sonaba de fondo. De repente, soltó una risa espontánea. Me aparté de él lo suficiente para observarlo y preguntarle con la mirada qué le hacía tanta gracia.
— No se me da muy bien bailar, por lo que has notado – Contestó a mi pregunta sin formular. Le sonreí y le di un pequeño beso en los labios. Cuando me separé, me lo devolvió exactamente igual y yo hice lo mismo. Nos pasamos un buen rato simplemente dándonos pequeños besos y sonriendo como dos niños pequeños.
— No importa, yo tampoco me desenvuelvo del todo bien en la pista de baile, así que tranquilo – Le dije con una sonrisa. Negó con la cabeza repetidamente, indignado.
— Mentirosa, te he visto moverte con naturalidad con tu increíble cuerpo y me has dejado tonto – Argumentó con tono serio. Me puse a reír y le di un suave golpe en el hombro.
— Exagerado… – Respondí, mirando hacia otra parte sonrojándome. Con una mano me cogió de la barbilla y me acercó a él de nuevo. Negando con la cabeza, se acercó a mis labios para besarlos de nuevo. Sus besos me tenían en otra parte, estaba en el cielo. Sonriendo, le mordí el labio inferior juguetonamente.
— Que mala eres… – Soltó  riéndose. Sonreí como hacía muchísimo que no hacía. Él saca la niña dentro de mí, pero también la parte más madura de mí misma. Es como si realzara mi personalidad y se deleitara de lo que descubre.
— No lo sabes tú bien – Susurré en su oído seductoramente.
— Ahora eres tú quien me provoca piel de gallina – Contestó con una sonrisa que podía iluminar una sala entera.
Me lo quedé mirando fijamente, con las manos acunando sus mejillas, rozando su barba con los dedos pulgares. Es perfecto, ¿Cómo he tenido tanta suerte de encontrármelo?
— ¿Qué ha sido lo primero que te ha llamado la atención de mí? – Preguntó sacándome de mi mundo. Sonreí y le miré fijamente esos ojos que tenía algún tipo de poder sobre mí.
— Tus ojos, sin duda alguna – Contesté sin necesidad de pensármelo, estaba clarísimo. Me miró extrañado – Tengo debilidad por los ojos claros, no sé realmente por qué. Pero ahora veo que tengo debilidad por ti, sobre todo lo demás – Añadí encogiéndome de hombros, pestañeando más de lo necesario para aparentar inocencia. Se puso a reír y me dio un beso profundo que me provocó un flaqueo en las piernas. Tuve que apretar más el agarre de su cuello para mantenerme de pie.
— ¿Y a ti? ¿Qué te llamó la atención de mí? – Pregunté al cabo de unos minutos, ya que con el beso casi se me olvidó de qué estábamos hablando. Realmente, con ese beso se me olvidó incluso mi propio nombre. Podría besarlo para siempre, sería feliz entre sus brazos.
— Tu sonrisa, es increíble – Me miró soñadoramente y lo besé pasionalmente. Este hombre me tiene completamente loca. ¡Y lo acabo de conocer! Pero parece como si ya nos conociéramos de toda la vida, y eso es imposible porque nunca me hubiera olvidado de esos ojos tan increíbles.
— ¿Puedo tener tu Facebook? Así podremos hablar después de hoy, o te podrías venir conmigo – Preguntó con los ojos brillantes de emoción. No hay nada más emocionante que la esperanza de un nuevo amor. Negué con la cabeza y me miró sorprendido, moviendo la cabeza ligeramente hacia atrás.
— Si quieres mi Facebook, tendrás que hacerte una foto conmigo con el fotógrafo oficial de la discoteca y cuando me etiquete el lunes, me tendrás. Y por lo de irme contigo, va a ser que no. Me quedo a dormir en casa de una amiga, lo siento – Solté, orgullosa. No voy a ponérselo tan fácil, ya lo ha tenido demasiado fácil hasta ahora. Me miró sorprendido y confuso. Me reí sola mientras procesaba la información recién incorporada – No te lo voy a poner tan fácil, aparte, si te doy mi nombre no va a ser tan fácil encontrarme, hay mucha gente con el mismo nombre – Expliqué intentando parecer inocente para que no pensara que le estaba poniendo obstáculos porque no quería nada con él. Se lo estoy poniendo difícil porque quiero que se lo tome enserio, quiero que vaya a por todas. Si se lo doy en bandeja, primero, no lo valorará y segundo, se cansará rápidamente. Porque lo que fácil viene, fácil se va. Me miró fijamente durante unos segundos, como si se encontrara en trance.
— Y ¿Dónde está el fotógrafo? – Preguntó de repente, mirando por encima de nuestras cabezas. Una carcajada se escapó de mis labios mientras buscaba entre la multitud.
— No lo veo, a lo mejor deberíamos movernos a ver si lo encontramos – Contesté pensativa, mientras observaba la multitud con los ojos muy abiertos.
— De acuerdo, pero antes… – Me susurró al oído. Curiosa me giré hacia él, y sin darme tiempo de responder colocó sus dos manos en mi cuello y me dio el beso de mi vida. Puse mis manos a ambos lados de su cintura, apretándolo contra mí. Cogí la tela de su camisa y la arrugué entre mis dedos mientras nuestras bocas iban por su propio camino provocando sensaciones de frío y calor por todo mi cuerpo. Su mano se enredó entre mi pelo y yo me abracé a su cintura, sonriendo. Noté su sonrisa a través de nuestros besos y fue mágico.
Nos soltamos al cabo de unos minutos que parecieron horas. Estábamos respirando entrecortadamente, como si el beso hubiera absorbido toda la energía de nuestro cuerpo. Me giré para ir en busca del fotógrafo desaparecido, pero antes de que me diera tiempo de dar siquiera un paso noté sus cálidas manos buscarse camino a través de mi cintura. Me apoyé en su pecho y entrelacé nuestras manos, él en respuesta me abrazó aún más y apoyó la barbilla en mi hombro. Di un paso y nos escurrímos entre la multitud buscando una persona en particular, pero no aparecía por ninguna parte. De repente, alguien me empujó y me fui hacia delante perdiendo el roce de sus manos.
Antes de que pudiera caerme, me cogió y me apretó contra él más fuerte que nunca. Con el corazón en la boca me apreté contra él, cogiendo sus manos y apretándolas aún más alrededor de mi cintura.
— Yo te protejo, preciosa – Me susurró, provocándome escalofríos.
— Qué suerte, tengo un Príncipe para mí sola – Le susurré de vuelta, mordiéndole el cuello.
— Deja de morderme, que mañana tengo una boda – Soltó una risita, pero no intentó separarme de él en ningún momento. Lo miré a los ojos.
— Pues te pones bufanda – Solté, dejándolo con la boca abierta. Nos pusimos a reír y me dio besos por el cuello, el hombro, la mandíbula, acabando en mis labios. Me separé, dejándolo con las ganas y me giré de nuevo para seguir con nuestra búsqueda.
Caminando de nuevo a través de la multitud, apreté sus brazos a mí alrededor enganchando nuestros cuerpos lo máximo posible.
— No me sueltes – Le dije sobre mi hombro, acariciando nuestras manos entrelazadas. Él apretó su agarre y apoyó su barbilla en mi hombro.
— Nunca – Contestó alto y claro. Sonriendo, giré la cabeza hacia él y le di un pequeño pero tierno beso. No fue suficiente para saciar las ganas que teníamos el uno del otro, así que me giró con un movimiento fluido y me besó de nuevo. Disfruté del toque de sus labios y de sus manos por mi cuerpo. Me hace sentir totalmente deseable y preciosa, nunca me había sentido así antes. Me encanta.
— Eres preciosa – Susurró sobre mis labios, haciéndome temblar. Negué con la cabeza y le mordí.
— Eres muy exagerado, y muy guapo, por cierto – Le contesté, mirándolo fijamente a los ojos.
— Ui que mentirosa… – Respondió, besándome una y otra vez.
Me separé y volví a buscar al fotógrafo. ¿Cómo puede haber desaparecido de tal manera? Si antes lo hemos visto Lil, Alba y yo.
— No lo veo, parece que no vas a tener mi Facebook después de todo – Canturreé juguetona mientras apoyaba mis codos en sus hombros, así podía jugar con su pelo con las manos.
— Ni hablar, voy a encontrar a ese maldito fotógrafo, no hay más que hablar – Dijo totalmente serio, consiguiendo una carcajada de mi parte. Cogió mi mano, entrelazó nuestros dedos y nos dirigimos entre la multitud de nuevo. Pasamos a través de la barra, nada. Miramos en el piso de arriba, nada. Suspiró. Me giré hacia él y lo miré. ¿Cómo puede ser tan guapo y no saberlo? Me encanta la manera en la que me mira, como si no hubiera otra persona en la sala, cuando en la sala no cabe ni un alfiler. Sonreí para mí misma.
— ¿No puedes sacar tu teléfono y agregarme a mí? – Preguntó con ojos suplicantes. Me puse a reír ante el panorama delante de mí. Parece un cachorro abandonado pidiendo que lo adopten.
— No me he traído el móvil – Dije sonriendo, mientras negaba con la cabeza. Me miró con los ojos entrecerrados y me señalé las caderas - ¿Tú crees que hay espacio para un móvil aquí? – Añadí riéndome ante su cara de derrota.
Me apartó de la multitud y encontramos una columna, solo verla me apoyó contra ella y empezó a besarme de nuevo. Una sonrisa grande como el mundo entero se formó en mi cara y se le contagió. Se separó y me miró como si me viera por primera vez, mordiéndose el labio inferior. Negó con la cabeza incrédulo. Yo tampoco me creo que esté pasando de verdad, parece un sueño. Un sueño del que no quiero despertar nunca.
— ¿Viniste aquí pensando que conocerías el amor de tu vida? – Preguntó de repente, cogiéndome totalmente desprevenida. No me esperaba tal pregunta. No me esperaba encontrar al hombre perfecto en una discoteca, y menos la primera vez que vengo.
— Exagerando de nuevo, por lo que veo – Contesté mientras le daba un beso y otro y otro. Empiezo a tener mucho calor. La multitud, el hechizo de Alex sobre mí y todos sus besos y caricias son un cóctel Molotov. Respiré entrecortadamente.
— No exagero ni una pizca – Contestó entre beso y beso. Apreté mi agarre en su cuello, haciéndolo mío.
— Me arden los labios… – Solté mientras lo abrazaba. Los noto hinchados y al rojo vivo. La sensación de sus labios sobre los míos me va a perseguir por el resto de mi vida, estoy segura. Nunca había sentido algo así cuando alguien me besa, todo lo demás desaparece y solo estamos nosotros dos y nuestras caricias.
— Si solo ardieran los labios… – Contestó, haciéndome reír. Este hombre tiene que hacer bien poco para conseguirme, ya me tiene completamente sin saberlo realmente.