Miré mi reflejo en el espejo con el ceño
fruncido y me mordí el labio, pensativa. Las mallas azul eléctrico se adherían
a la perfección a las curvas de mi cuerpo, acompañadas por una camiseta de
tirantes de color negro, ceñida, que mostraba parte de mi sujetador fucsia.
Estaba elevada sobre los botines azul eléctrico de 14 centímetros de alto, que
estilizaban mis piernas.
Ladeé la cabeza y me recogí la larga
cabellera con las manos y la alcé en una simulada cola de caballo. Me giré para
verme de perfil. El pelo largo, negro azabache me llegaba hasta la cadera. Lo
llevaba liso de plancha, obra de mi mejor amiga Lil, que resultaba ser
peluquera. No me convence recogido, pero
suelto tiene poco volumen.
— Amelia, estás guapísima de las dos maneras.
Aunque yo me lo dejaría suelto, estás más sexy. Aparte, las dos sabemos que te
gusta bailar tocándote el pelo – Ahí iba la respuesta a mi dilema. Sin tener que decir nada, me ha resuelto la
duda. Asentí en su dirección con una sonrisa radiante, expectante. Entonces
vi que estaba completamente maquillada, pero con el pijama puesto.
— Lil, ¿Aún no te has cambiado? Si salimos
dentro de diez minutos… No tienes remedio, voy a maquillarme – Le pregunté
mientras me apartaba del espejo de cuerpo entero y me dirigía al baño.
Miré entre el maquillaje y fui directa al
rímel azul, el eyeliner a prueba de agua negro y el lápiz de ojos negro. El azul resalta el marrón oscuro de mis
ojos, así que lo uso mucho. Puede que tenga que ver con el hecho de ser mi
color favorito, puede…
— ¿Vamos en tu coche o en mi moto? – Pregunté
mientras me aplicaba un poco de pintalabios rosa fucsia para darle un poco de
color a mis labios carnosos. Me giré al ver que no contestaba y silbé – Wow,
guapísima. Como para salir contigo… Me vas a dejar mal – Solté, consiguiendo
que diera una vuelta sobre sí misma con una sonrisa. Nos pusimos a reír
mientras se arreglaba la camiseta color crema con el hombro descubierto sobre la
falta con estampado militar en tono rosa pálido. Me miró con cara de alarma,
después de mirar el reloj de color azul neón atado a mi muñeca.
— Es tarde, y Alba nos está esperando. No
podemos ir en tu moto, tonta, no cabremos. Vamos en mi Mini – Canturreó
emocionada. Claro, coche nuevo.
Cualquiera le dice que no. Me puse a reír y cogí mi chaqueta azul de piel,
con el DNI y dinero en un bolsillo. ¿No
necesito nada más, no? Sí, el pintalabios. Por si acaso me doy algún beso con
algún chico guapo, así podré aplicármelo luego.
Alba saltó dentro del coche cuando pasamos
por su casa a buscarla, llevaba un vestido azul con medias debajo. Nos dimos un
abrazo fuerte a través del agujero entre los asientos delanteros.
— Bueno chicas, ¿Quién quiere fiesta? – Gritó.
Estaba emocionada y contenta de vernos juntas de nuevo. Hacía tiempo que no salíamos de fiesta las tres juntas.
— ¡¡YO!! – Gritamos Lil y yo al unísono.
— Que hoy es una ocasión especial, ¡celebramos
el cumpleaños 19 de Amelia! – Anunció Lil, consiguiendo gritos de emoción por
parte de nosotras.
Pusimos la música de la radio en alto y
empezamos a cantar, cada una a su manera. Esta
noche promete.
— ¿Dónde vamos? ¿Tenemos discoteca en mente,
o no? – Preguntó Alba desde el asiento de atrás. Me giré hacia ella, dejando de
cantar durante un momento.
— Sí, vamos a la discoteca DCT. Yo nunca he
ido, pero vosotras sí, así que seguro que está bien – Contesté más que
emocionada. Es emocionante salir con
estas dos locas, porque sin necesidad de tomarnos nada, ya estamos borrachas.
Nos reímos de todo siempre, no necesariamente tiene que ser gracioso.
— Bien, esa discoteca me encanta. Pero
¿Alguien sabe qué significan las iniciales? Nunca he preguntado – Añadió Alba,
curiosa.
— Pues nunca me había parado a pensar su
significado, la verdad. Puede ser… ¿Dando Caña a Tope? – Cuando Lil acabó la
frase, estallaron las carcajadas dentro del coche, que se escucharon como una
melodía más poderosa que la propia música de fondo.
Llegamos allí, saltando del coche en cuanto
Lil hubo aparcado, y pudimos observar que había poca gente para entrar y
suspiramos aliviadas.
— Perfecto, poca gente, por ahora. De momento
la gente está dentro, cuando salga fuera a la terraza será peor. Así que voto
por la terraza por ahora, ¿Qué os parece? – Preguntó Lil, con seguridad. Nos
miramos y asentimos en silencio.
Entramos y nos quedamos en la terraza, íbamos
mirando a ver si había alguno que valiera la pena. Nos pusimos a reír al ver
las caras de todos los hombres mirándonos.
— Parece que disimular ha pasado de moda –
Solté sin pensar, que solo provocó más risas pos nuestra parte. El hecho de
estar riéndonos ruidosamente, provocaba aún más miradas en nuestra dirección –
Hay poca gente, ¿no? – Pregunté, mirando a mí alrededor.
Había grupos de chicos, grupos de chicas, y
grupos bailando dentro, pero no llenaban la gran discoteca. Era un lugar
acogedor, con 3 barras, el piso de arriba con una zona para hacer coreografías
y taburetes altos donde tomarse algo tranquilamente. Fuera en la terraza había
lugares donde sentarse, pero optamos por quedarnos de pie en el medio de la
terraza hablando animadamente.
— Es temprano, apenas son la 1:30. Esto no se
llena hasta pasadas las 2. ¿Crees que encontraremos a alguno que valga la pena?
– Comentó Lil, mientras miraba con atención a los hombres que nos observaban
sin ningún ápice de sutileza. A mí me da
la risa floja cuando se me quedan mirando tan fijamente, normalmente se creen
que les estoy sonriendo cuando en realidad me estoy riendo de ellos en su cara.
Entonces es aún más gracioso.
— No sé qué decirte Lil, Parece que no
solamente la sutileza ha pasado de moda, sino también el ser guapo – Canturreé
mientras empezaba a moverme al ritmo de la música que sonaba dentro. Nos
pusimos a reír las 3 y empezaron a imitarme, moviéndose lentamente.
— Parece que nos vamos animando, ¿Vamos a
dejar las chaquetas y los bolsos al guardarropa? – Preguntó Alba, con un brillo
en los ojos, que solo podía significar que estaba deseando entrar para darlo
todo en la pista de baile.
— Hecho, pero no tengo donde ponerme el
papelito luego. Bah, en el sujetador mismo – Anuncié a la vez que me giraba
hacia dentro, ganándome miradas de los hombres colocados justo en la entrada.
Me giré hacia ellos y les regalé una sonrisa de lado. Vi cómo me recorrían con
la mirada y pude ver que no había ninguno que valiera la pena, realmente. Me
giré de nuevo, decepcionada, dirigiéndome hacia la pista.
Pasamos a través de la gente, bailando, hasta
el guardarropa. Justo antes de colocarme detrás de la última persona esperando,
noté que alguien me cogía de la mano derecha. Me di la vuelta, alarmada. Vi que
era un hombre con mirada penetrante. Si
le sigo el rollo un poco, me dejará ir.
Le cogí la mano y di una vuelta, bailando.
Entonces me acercó a él y nos pusimos a bailar al ritmo de fondo. Sonreí y me
aparté, soltando su mano rápidamente. Lo dejé con las ganas de bailar más
conmigo, pero no molestó de nuevo y me coloqué en la cola.
— Veo que nuestra Amelia va ganando terreno
mientras camina – Dijo Alba cuando me coloqué entre las dos, que estaban esperando.
Solté una risa y negué con la cabeza.
— Simplemente me divertía, nada más –
Contesté sin inmutarme – Un moscardón más – Con mi último comentario me gané
dos caras desconcertadas y curiosas. Me puse a reír.
— ¿Moscardón? ¿Qué es eso? ¿Hablas nuestro
idioma? – Preguntó Lil riéndose.
— Claro que no, tengo mi propio idioma, algún
día decidiré qué nombre ponerle. Pues eso, moscardón: Grande, feo, ruidoso y
molesto, muchas veces musculoso y sobretodo creído. Definición perfecta, ¿o me
lo vais a negar? – Contesté con una carcajada descuidada. Sus carcajadas me acompañaron
solo oír mi definición.
— Perfecto, les va como anillo al dedo, ahora
que lo pienso – Gritó Lil sobre la música.
Dejamos nuestras cosas en el guardarropa y me
guardé el resguardo en el sujetador. Pero por miedo a bailar y perder el papel,
se lo di a Lil para que me lo guardara.
— Si te pierdo, te llamo – Dijo ella,
cogiendo el papel y guardándolo en el bolsillo trasero de la falta militar.
Negué con la cabeza, rápidamente.
— No me he traído el teléfono, voy con
mallas, ¿Dónde me lo guardo, en las bragas? – Solté yo, riéndome mientras me
señalaba las caderas. Me miraron como si estuviera loca – ¿Qué? – Añadí,
sintiéndome intimidada por sus miradas persistentes.
— ¿Cómo puedes salir sin el móvil? – Soltó
Alba, mirándome extrañada.
— Abriendo la puerta y dando un paso hacia
fuera, no es tan difícil – Contesté sarcásticamente. Se pusieron a reír, pero
me miraron fijamente hasta que aparté la mirada.
— Ahora enserio, ¿Por qué te lo has dejado? –
Preguntó Lil, sabiendo que había algo debajo que no estaba contando. Suspiré y
las miré de nuevo, con una sonrisa pícara en los labios. Levantaron las cejas
expectantes, sin saber qué esperar de mi respuesta.
— Hay dos razones importantes. Primero, no
tenía batería. Segundo, así no me veo forzada a grabarme el teléfono de nadie.
Si alguien quiere algo conmigo, que se grabe el mío y dé el primer paso. No
pienso arrastrarme, ni ir detrás de nadie, justo al revés. Quiero que me
persigan a mí, a ver qué tal se les da – Solté una carcajada al acabar la
frase, ganándome miradas divertidas de las dos locas delante de mí.
— Lo sabía, siempre tienes motivos ocultos
para hacer las cosas. Te conozco, sé que eres complicada por mucho que pienses
que eres una persona simple – Me acusó Lil. La miré con el ceño fruncido,
negando con la cabeza. Me conoce
demasiado bien.
— Es muy simple, no voy a mover un dedo. ¿Qué
hay más simple que eso? – Grité para que me escucharan entre los gritos de un
grupo de nuestra derecha.
— ¿Qué está pasando? ¿A qué viene tanto
escándalo? – Preguntamos todas, mirando hacia la dirección del ruido. Era un
grupo de chicos saltando y chillando. Uno de ellos, el más alto, se acercó a
nosotras. Vi como Alba y Lil se tensaban. Me giré hacia ellas.
— No se os va a acercar, no lo voy a
permitir. Tirad hacia atrás, os busco luego, ¿Sí? – Grité lo suficiente para
que me oyeran ellas y solo ellas. Asintieron, mirando fijamente al moreno con
cara amenazante que seguía acercándose, y se fueron en la dirección contraria.
Me acerqué a él, bailando, intentando distraerlo
para que no notara que mis amigas habían salido corriendo. Cuando sus ojos
recorrieron mi cuerpo como si me acariciara, noté un escalofrío desagradable
recorrerme el cuerpo. Solo tengo que
entretenerlo un rato, para que se olvide de nosotras. A ver cómo me deshago de
este pelmazo, esto sí que es un moscardón y lo demás son tonterías.
Colocó sus manos en mis caderas mientras yo
las movía seductoramente con la música.
— Eres preciosa, ¿Lo sabías? – Me susurró al
oído, mientras recorría mi espalda con sus grandes manazas. Hice una mueca
aprovechando que no me veía la cara – Veo que tus amigas te han dejado aparte –
Añadió al ver que no tenía ninguna intención de contestar. Lo aparté de mi
cuello con la mano y lo miré desafiante.
— A ellas ni te acerques, ¿Me oyes? – Lo amenacé
señalándole el pecho con el dedo índice. Soltó una carcajada y me miró con
admiración. Jadeé inconscientemente.
— Guerrera, me gusta. No quiero a tus amigas,
te quiero a ti. ¿Qué te parece? – Contestó burlonamente. Retuve mis instintos
más básicos, que consistían en romperle la nariz, y en cambio, sonreí
forzosamente. No quiero montar una escena
aquí en medio de todo el mundo, aparte del hecho que es mucho más fuerte que yo
y por mucho que me defienda me haría daño igualmente.
— Asqueroso – Susurré con desprecio, no muy
segura de que pudiera oírme sobre la música. Me miró confundido.
— ¿Qué has dicho? – Preguntó inocentemente.
Suspiré.
— He dicho: Maravilloso – Grité con falsa
emoción. Sonrió con diversión, como si acabara de recibir un premio y estuviera
orgulloso de sí mismo. Me da asco, tiene
pinta de ser de los creídos. Eso no lo soporto. Un hombre puede ser guapísimo,
pero si es un creído pierde todo el encanto para mí.
De repente, estaba aplastada contra su pecho
duro y fuerte. Coloqué mis manos en sus pectorales e intenté apartarme, fallando
de inmediato. Notó que intentaba escapar y me apretó aún más contra él. De acuerdo, ya lo he apartado de mis amigas,
¿Ahora cómo lo aparto de mí? Entonces, me acordé de las palabras de esa
mañana de mi madre.
“— ¿Qué haréis esta noche? – Me preguntó
divertida. La miré con brillo en los ojos.
— La idea es ir a la discoteca DCT, a las
afueras. A ver si puedo poner en práctica mi fantasía de discoteca de todos los
tiempos – Contesté, mientras recogía mis cosas y las guardaba en una bolsa. Mi
madre se me quedó mirando curiosa, ladeando la cabeza.
— ¿Fantasía? No tengo entendido que tengas
una fantasía de ninguna discoteca, ¿Me la has contado? – Preguntó, expresando
la curiosidad a través de esos ojos verdes brillantes. ¿Por qué no pude heredar esos ojos? ¿Por qué los míos tienen que ser de
color marrón miel? Y no hablemos de su cabellera rubia, si de verdad parezco
adoptada…
— Sí que te la he contado, mira, consiste en:
Estoy en la discoteca, y un moscardón viene a molestar. Entonces yo usando eso
como excusa, busco a un chico guapo y le pido que me ayude. A lo mejor con la
mirada, simplemente pidiéndoselo, o diciéndole que me siga el rollo. En ese
momento, el chico guapo, sintiéndose como un caballero con armadura brillante
me va a rescatar de las garras del dragón escupe-fuego. Esa es la mejor excusa
para acercarme al chico y conocerlo. Es buena idea ¿verdad? – Le expliqué,
mientras paseaba del baño a mi habitación, recogiendo todo lo necesario para
pasar el fin de semana en casa de Lil. Me miró sorprendida y entonces se puso a
reír, asintiendo con la cabeza haciendo que sus ojos brillaran y su cabello se
le colocara en la cara. Me reí.
— Es muy buena idea, no se me hubiera
ocurrido nunca. Tienes mucha imaginación, pero ¿No tendrías que tener en primer
lugar un moscardón? Porque claro, el escoger el chico guapo y que te ayude
depende totalmente de ti. Pero que un moscardón te acose no, es totalmente
arbitrario. ¿Me entiendes? – Asentí, pensativa. No lo había pensado de esa manera. Bueno, entonces si pasa, será por
casualidad y será aún más divertido.
— Pues por casualidad, mama. Si pasa,
entonces podré hacer realidad mi fantasía. Sino, pues otra vez será – Contesté encogiéndome
de hombros. Me miró con el ceño fruncido y sabía perfectamente lo que venía
después.
— Hija mía, las Casualidades NO existen, todo
pasa por una razón – Dijo ella mientras colocaba las manos en mis hombros
cariñosamente y les daba un apretón suave. Negué con la cabeza, sonriendo. Es una pelea que no pienso librar ahora
mismo.”
Suspiré. Es
Casualidad… Solo eso. Pues ahora tengo la
oportunidad de hacer realidad mi fantasía de todos los tiempos, solo tengo que
encontrar a algún chico dispuesto a ayudarme. Esto puede ser difícil, pero no
puedo perder la ilusión, sino me pasaré la noche entera con este pedazo de…
Moscardón, dejémoslo en Moscardón.
Miré a mí alrededor, buscando
desesperadamente una salida de la cárcel de sus brazos enormes. Me gustan musculosos, pero no tanto. Es como
si en vez de comida, comiera esteroides. No veo a nadie que me mire, o pueda
ayudarme. ¿Qué voy a hacer?
Entonces me giré hacia mi izquierda y me
quedé de piedra, abrí los ojos más de lo normal. Si ya tengo los ojos grandes siempre, en este momento deben verse
enormes. Mis amigas estaban bailando a tres metros de donde yo me
encontraba. Negué con la cabeza ligeramente mientras intentaba pensar en un
plan para llamar su atención y sacarlas de allí.
Opté por la opción arriesgada, cogí de las
manos al moscardón, Ni siquiera me
interesa saber su nombre, y lo giré de espaldas a ellas y lo empujé con mi
cuerpo hacia ellas. Nos chocamos con Lil, que miró alarmada hacia nosotros.
Evitando que él se girara y las viera, rodeé su cuello con los brazos
apoyándome en las puntas de los pies para intentar igualar su altura. Eso
pareció calmarlo y no se giró. Sonreí aliviada mientras les indicaba con la
cabeza, por encima del hombro de él, que se fueran de su vista. Me miraron con
pena y remordimiento y les brindé otra sonrisa, indicándoles que estaría bien.
Finalmente, se fueron hacia el fondo, donde él no pudiera verlas.
Podría
conseguir que uno de los de seguridad se lo llevaran, pero… ¿Cómo consigo
llamar su atención? Tengo que pensar en algo, y rápido, porque este hombre está
empezando a tocar demasiado. Aparté sus
manazas de mi trasero de mala gana, ganándome un poco de espacio vital. Respiré
hondo y me giré, apoyando mi espalda en su pecho, para poder ver mejor la gente
que me rodeaba. Tiene que haber alguien,
por favor. Miré hacia el suelo, decaída. Había perdido casi completamente
la ilusión de encontrar un caballero que pudiera salvarme.
Levanté la vista y lo vi. Unos ojos claros,
de color indefinido bajo la luz parpadeante de la discoteca. En ese instante,
el tiempo se paró, a la vez que lo hizo mi corazón. Un hombre, con un grupo de
amigos, me estaba mirando fijamente. Sonreí emocionada, y me devolvió la
sonrisa. Vaya sonrisa, que ojazos. Este
hombre es guapísimo, y me está mirando a mí. Noté un rubor subir por mi
cuello y posarse en mis pómulos, brindando color a mi cara. Bajé la mirada y la
volví a subir, intentando conseguir su completa atención.
Articulé “Ayuda” con los labios, pero me miró
con el ceño fruncido sin entender. Suspiré, notando la impaciencia hervir dentro
de mí. Abrí mucho los ojos y le indiqué con la mirada las manos que rodeaban mi
cintura y el hombre apoyado en mi espalda. Él abrió los ojos sorprendido,
empezando a entender pero sin acabar de saber qué quería yo que hiciera él. Para
probárselo, intenté apartar las manos de mi cintura, y el hombre de mi espalda
me apretó más contra él.
Hice una mueca de dolor cuando por un segundo
me faltó el aire. Respiré entrecortadamente, intentando girarme, pero estaba inmovilizada.
Esto está yendo por un camino que no me
gusta nada. Por suerte ya he encontrado a alguien que puede ayudarme. ¿Espera,
dónde está?
Miré hacia el grupo de amigos donde segundos
antes se encontraba él, pero solo estaban sus amigos que me miraban con
curiosidad. Los miré intentando preguntar con la mirada dónde estaba él, mi
salvador, mi ojazos claros. Ellos simplemente me sonrieron y miraron a algo detrás
de mí. No me lo puedo creer, ha
desaparecido. ¿Qué voy a hacer ahora?
— Perdone, señorita. ¿Le molesta este hombre? –
Oí una voz profunda y seria detrás de nosotros. Sonreí sintiendo el alivio
recorrerme el cuerpo desde la cabeza a los pies. Noté que el moscardón se ponía
tenso y me apretaba contra él.
— De hecho sí. No puedo soltarme, ¿Le
importaría? – Pregunté mientras señalaba las manos que me tenían presa. El
hombre alto, musculado, vestido completamente de negro asintió en mi dirección
y con cuidado de no hacerme daño apartó las manos que me oprimían la cintura.
Respiré hondo una vez me hubo liberado – Muchas gracias, de verdad. Pensaba que
no tenía escapatoria – Lo miré agradecida, mientras empezaba a llevarse al
pesado de turno. Evité mirarlo y sonreí satisfecha. Por fin. Suspiré.
— No me dé las gracias a mí, déselas a su
novio que me ha avisado. Que pase una buena noche, para cualquier cosa que
necesite estoy en la puerta, me llamo Travis – Contestó el hombre de negro, el
guardia de la puerta que acababa de salvarme, con una sonrisa radiante. Espera, ¿Novio?
Apareció ante mí mi salvador, cuando desaparecieron
por la puerta Travis y el moscardón. Esos ojos indefinibles, esa sonrisa
embriagadora que estaba enmarcada por una barba incipiente de color rubio
oscuro. Sonreí ampliamente y me lancé a sus brazos, abrazándolo, pillándolo
completamente por sorpresa. Ya estoy a
salvo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario